por Eva Ratliff
Si se suman todos los teléfonos celulares, laptops, reproductores de DVD, televisores de plasma, aparatos de televisión por cable y otros artefactos que se encuentran comúnmente en los hogares de los Estados Unidos, la cifra ascendería (fácilmente) a los miles de millones. Y no lo duden, esas máquinas están hambrientas de energía. En combinación con enseres domésticos como aires acondicionados y lámparas de escritorio, absorben el 21 por ciento del abasto total de energía de la nación, más de un billón de kilovatios-hora de electricidad al año. Las plantas generadoras de energía que abastecen toda esa potencia por lo general queman petróleo, carbón o gas natural, lo que hace que el hogar promedio sea responsable de producir el doble del dióxido de carbono (CO2) que produce un auto promedio.
Pero mientras los políticos y los ambientalistas compiten por las formas de satisfacer las necesidades de energía de nuestra nación -- ¿debemos perforar el Refugio Ártico Nacional para la Vida Silvestre de Alaska para extraer petróleo o mejorar el consumo de combustible en los autos de los Estados Unidos? -- un puñado de innovadores sin gran aspaviento ha encontrado algunas formas ingeniosas de reducir el impacto de nuestra insaciable voracidad por los productos electrónicos. A veces es tan sencillo como fabricar mejores bombillas de luz (ver Innovación #3). Parece algo pequeño, pero si se ahorra un kilovatio aquí y otro kilovatio allá, en poco tiempo se habrá eliminado la necesidad de cientos de plantas generadoras de energía emisoras de CO2.
Foto: Jesse Frohman; Lámpara fluorescente subcompacta, Steve Halin