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Vida y muerte en una tierra seca

La supervivencia de Perú depende a largo plazo del agua de los glaciares de los Andes. El problema es que todo ese hielo pronto se acabará.

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En la zona de la muerte

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Si Lonnie Thompson no fue reconocido como uno de los más grandes científicos climáticos del mundo (técnicamente el es un paleoclimatólogo), seguramente sería considerado como uno de los grandes exploradores del mundo. Se dice que ha pasado más horas en la "zona de la muerte", son elevaciones por encima de los 5.500 metros y un nivel bajo de oxígeno, que cualquier otro ser humano. A los 62 años, continúa ascendiendo a estos lugares por lo menos una vez al año, a menudo durante semanas seguidas y, a veces durante meses, mientras supervisa el transporte de los porteadores y las mulas de toneladas de equipos de perforación de hielo además de administrar equipos de colegas a menudo díscolos, y ni hablar de su asma paralizante.

Al subir al podio en un seminario en la Universidad Estatal de Ohio en Columbus a finales de marzo, Lonnie (su modestia parece animar a todos a llamarlo así) fue presentado por su esposa, Ellen Mosley-Thompson, quien es la directora de la universidad Byrd Polar Research Center. Ella también es una experta en hielo, pero mientras la especialidad de Lonnie es los glaciares tropicales, la suya es la Antártida y Groenlandia. "Esa combinación nos ha funcionado bien, especialmente cuando estábamos criando a nuestra hija. Esto significa que uno de nosotros estaba siempre en casa", Lonnie me dijo más tarde.

Lonnie es un hombre de mediana estatura, con comienzo de calvicie y gafas sin montura. Habla en voz baja, con fuertes vestigios del acento de su natal Virginia Occidental. Sus modales son un tanto solemnes, con destellos de humor seco. Hoy llevaba un simple traje gris. Una fila de plumas y un protector de bolsillo no lucirían fuera de lugar. Se ajusta a la idea de un Indiana Jones en el hielo.

Me referí a esto, espero que diplomáticamente, cuando terminó su discurso. Él sonrió y sugirió que, dado que nuestros horarios en Perú no coinciden, yo podría ver un par de documentales de su obra. Así lo hice mas tarde. Allí estaba él, agazapado en una cueva de hielo de 6.100 metros con varios colegas, usando equipo de montaña y una gorra de guardia. Ninguno de ellos se había afeitado desde hacia tiempo. La imagen trajo a mi memoria un comentario acerca de los fanáticos glaciares, hecho por el conocido australiano Keith Mountain, miembro del círculo íntimo de colaboradores de Lonnie: "No somos atractivos. Tenemos mal olor y horribles hábitos corporales".

La filosofía central de Lonnie no pudo ser mejor expresada. Para descubrir algo nuevo, usted tiene que ir a un lugar donde nadie ha estado antes. Una vez que llegue allí y mire a su alrededor, usted estará seguro que podrá hacer nuevos descubrimientos. Al elegir estos peligrosos lugares de trabajo su meta es recoger y analizar tanto hielo a gran altura como le sea posible mientras aún existan los glaciares y él aún tenga resistencia. Sus resultados formarán un mosaico con los descubrimientos paralelos de anillos de árboles, sedimentos de lagos y océanos, arrecifes de coral, espeleotermas (depósitos minerales en las cuevas) y otros sustitutos del clima, que en conjunto nos darán la mejor imagen posible del clima mundial y su posible futuro.

En su presentación en el Centro Byrd Lonnie describió los tres indicadores básicos de la salud de un glaciar. El primero y más fácil de medir es la reducción de su superficie. El segundo es algo llamado el balance de masa, que calcula la relación entre la acumulación de hielo y su ablación, es decir, la pérdida de volumen a través de la fusión y la transformación del hielo en estado gaseoso sin pasar por una fase líquida. El tercer indicador es el adelgazamiento del hielo de arriba hacia abajo. A diferencia de la pérdida de superficie, el balance de masa y el adelgazamiento no se pueden medir con los satélites y las fotografías aéreas, hay que profundizar en el propio hielo. "El adelgazamiento, en particular, es absolutamente crítico. En el Kilimanjaro, por ejemplo, encontramos que el glaciar está perdiendo tanto a través del adelgazamiento, como en el retiro de sus márgenes. Pues en realidad es aún peor de lo que parece". Me dijo Lonnie.

El dio a su público algunas de las estadísticas más importantes sobre la desaparición del hielo en Perú, mostrando dramáticas diapositivas de antes y después que describían el retiro de ciertos glaciares a través del tiempo. También, compartió una de sus citas favoritas, por el geofísico Henry Pollack de la Universidad de Michigan: "El hielo no pregunta, no presenta argumentos, no lee periódicos, ni escucha debates. No está cargado de ideología y no lleva ninguna carga política al cambiar de sólido a líquido. Sólo se derrite".

Sin embargo, esto genera todo tipo de preguntas, argumentos y debates políticos. Lonnie pertenece a un pequeño pero creciente grupo de glaciólogos que han llegado a creer que el estudio del cambio climático tiene que salir del bastión de la ciencia pura. Todos los tipos de fuerzas sociales -- la agroindustria, la industria, los agricultores de subsistencia, los servicios públicos de energía, los residentes de la ciudad -- reivindican el agua que gotea de los glaciares, por lo que sus demandas aumentarán al mismo tiempo que el suministro disminuye. Ya la mitad de todos los conflictos sociales son lo suficientemente graves como para ser registrados por la oficina defensora del pueblo de Perú se derivan de las disputas por la escases del agua.

 

La Piedra de Rosetta

Cuando Lonnie propuso por primera vez tomar su investigación a los Andes, otros científicos climáticos le dijeron, educadamente y en términos académicos, que estaba loco y que iba a arruinar su carrera. El consenso fue que sólo el Ártico y la Antártida darían indicios significativos sobre el clima. Pues dijeron que no había suficiente hielo antiguo en los trópicos, nada que se remonte a la última glaciación, de hace unos 10.000 y 20.000 años. Las temperaturas son relativamente estables en la zona tropical durante todo el año, a diferencia de los dramáticos cambios de temperatura estacionales en los polos, pues no proporcionarían ninguna información útil. Lonnie hizo caso omiso a esos comentarios.

Su primera visita a Perú, como estudiante de posgrado, sucedió casi casualmente en 1974, cuando la Oficina de Programas Polares en la Fundación Nacional de Ciencias dispuso de una subvención pequeña, que no se había usado en su presupuesto anual. "Me preguntaron qué podía hacer por $7.000 dólares. Les dije, bueno, probablemente podemos llegar allá", me dijo con una sonrisa. Y cuando llegó, experimentó el equivalente científico de enamorarse del lugar.

Los glaciares en Perú tienen una serie de características especiales. Los cambios estacionales en los trópicos no son una cuestión de calor y frío, sino de mojado y seco. Por lo tanto, a diferencia de las capas de hielo polares, la acumulación y la ablación no alternan según las estaciones, sino que ocurren simultáneamente. Los glaciares andinos son exquisitamente sensibles al cambio climático debido a que sus márgenes están constantemente en o cerca del punto de fusión. Así que las consecuencias del aumento de las temperaturas se podrán observar con más rapidez en los Andes que en los polos y por supuesto afectarán a un mayor número de personas.

El estudio de los núcleos de hielo de Perú trajo muchas revelaciones a Lonnie. Para los científicos climáticos, los núcleos de hielo son un poco como los anillos de los árboles. Una vez que el hielo se corta en secciones cilíndricas, cada una se asemeja a una torta de capas en las que se puede distinguir cada año. El analista ve cuatro cosas: la cantidad de nieve que cayó, el polvo en el aire que se asentó en el hielo durante los períodos secos; burbujas de gas atrapadas en el hielo (que muestran, entre otras cosas, las concentraciones de gases de efecto invernadero), y la relación de "pesado" a "ligero" de los isotopos de oxígeno, lo que revela la temperatura del aire cuando se formó el hielo.

"La piedra de Rosetta de los glaciares tropicales", así llama Lonnie al Quelccaya, que es una capa de hielo en el sur de Perú y la cual ha visitado decenas de veces durante los últimos 35 años. Al comparar los núcleos perforados en el Quelccaya en 1991 con los que había extraído en 1976, descubrió que el registro de los cambios anuales en los primeros 20 metros de hielo había sido aniquilado por la fusión, algo que no se había producido en los últimos 1.500 años.

En una de las expediciones al Quelccaya, Lonnie y algunos colegas estaban sentados alrededor de la tienda de campaña. Su íntimo amigo César Portocarrero, ingeniero glaciar del Perú, descansaba, mientras se fumaba un cigarrillo. ("Usted realmente tiene que pasar algún tiempo con César cuando este en Perú", me había dicho Lonnie y así lo hice.) Otro antiguo colaborador, el glaciólogo ruso Vladimir Mikhalenko, también estaba allí. Lonnie salió a pasear y se encontró con un área de lodo y rocas que había sido expuesta por la fusión reciente. Tomó algo, algo marrón, y se lo llevó de nuevo a la tienda de campaña en una bolsa de plástico.

"¿Qué es eso?", preguntó Vladimir sardónicamente. "¿mierda de vaca?"

"No, es una hoja". respondió Lonnie.

Tomó la hoja de regreso a Ohio para hacerle una datación por carbono. El resultado fue 5.200 años, lo que indica que el aumento de las temperaturas ha provocado que el hielo retroceda más lejos que en cualquier momento en más de cinco milenios.

Los otros núcleos cruciales vinieron de Huascarán, a más de 805 kilómetros hacia el norte. Huascarán es una montaña gigante de 6.768 metros de altura en la Cordillera Blanca, donde se concentra el mayor número de glaciares tropicales en el mundo, y los núcleos perforados por Lonnie en esta montaña en 1993 databan de la última edad de hielo. Debido a que eran tan profundos y densamente comprimidos, era difícil ver las distinciones de año tras año que databan mucho antes del año 1740 d. C. "Hay que entender la diferencia entre la profundidad y el tiempo", me dijo. La gran importancia de los núcleos de Huascarán fue su edad extrema de 19.000 años. Si las pruebas de Quelccaya no sacudieron el viejo consenso de los climatólogos polares, esto lo hizo. De hecho, al estudiar el hielo de Huascarán, Lonnie comenzó a tener la convicción de que las temperaturas tropicales eran una clave, quizás la clave para comprender las fuerzas que impulsaron el cambio climático global.

Al comparar las pruebas de Quelccaya y Huascarán con sus hallazgos de otras partes del mundo, Lonnie llegó a otra conclusión notable. A lo largo de la historia a intervalos distintos, el planeta entero se ha cubierto de polvo por las sequías prolongadas. Los descubrimientos paralelos de los arqueólogos han demostrado que una civilización tras otra se ha derrumbado durante estos periodos de sequías. Existe evidencia de fenómenos climáticos traumáticos en un ciclo de unos 400 años, Entre 2200 a. C. y 1500 d. C. coincidiendo con, por ejemplo, las enormes fallas de los cultivos en el Oriente Medio y Asia, la pérdida de la mitad del territorio del Imperio Romano y la desintegración de la civilización maya de América Central. A riesgo de afirmar lo obvio, lo que ha sucedido antes puede volver a suceder. Si Lima está en riesgo, también lo están Los Ángeles y El Cairo, de hecho, lo está cualquier sociedad del desierto donde la demanda de agua va a sobrepasar la capacidad de la tierra para proporcionarla.

"Toda la evidencia está aquí mismo, en Ohio State, en el sótano del Centro Byrd", dijo Lonnie. "Hemos creado dos almacenes grandes con temperaturas de -30 grados centígrados y tres salas de trabajo a -10 grados, donde los núcleos se cortan antes de ir a los laboratorios para su análisis. Cada una de estas habitaciones tiene un gran generador de gas natural en caso de que la energía falle, para que el hielo se pueda mantener frío. Todas las habitaciones están conectadas a un sistema central de alarma las 24 horas y si la temperatura se va fuera del nivel que necesitamos una alarma sonará.

"Tenemos más de 7.000 metros de núcleos de hielo aquí," continuó, el último es de 88 metros de Papúa Nueva Guinea, donde Lonnie pasó dos meses en el verano de 2010 y 195 metros de Hualcán de la Cordillera Blanca de Perú, extraído el año anterior. "Esta es la única colección tropical en la tierra, y tenemos que guardarla para el futuro, pues con la desaparición de los glaciares en nuestro mundo su valor va en aumento cada año".

 

última revisión 2/9/2011

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