
Los tiburones leopardo se ven comúnmente en los bosques de algas.
Este archipiélago, prácticamente deshabitado por humanos, empieza a 120 millas náuticas al oeste de las principales islas Hawaianas. Unos 14 millones de aves marinas anidan ahí, y en las aguas circundantes yacen los arrecifes de coral más grandes, antiguos y prístinos de los Estados Unidos, que dan sustento a más de 7,000 especies marinas. Muchas están en peligro o amenazadas, incluyendo la foca monje hawaiana, y las tortugas verde, laúd y carey. Peces e invertebrados exóticos y coloridos toman abrigo y sustento de unas 60 especies de coral en los arrecifes. Las aguas más profundas dan sustento a peces de importancia comercial como lobinas y pargos de mar profundo. Pero lo que hace a esta cadena aún más espectacular es la abundancia de tiburones y otros grandes peces depredadores. En la mayoría de los grandes ecosistemas de los arrecifes de coral, la pesca excesiva ha cobrado un precio devastador en los tiburones y otras especies acuáticas que ocupan los primeros eslabones de la cadena alimenticia. No es así en las Islas Hawaianas del Noroeste
Un mandato presidencial en el 2000 designó a casi 100,000 millas náuticas cuadradas en el área como reserva marina, restringiendo la pesca comercial y recreativa. Es la reserva natural más grande -- terrestre o marina -- que se haya establecido en los Estados Unidos. Limitar la pesca ha ayudado a prosperar a este ecosistema, pero aún así no es inmune de las amenazas externas. Los singulares patrones de corriente barren toneladas de residuos marinos del exterior hacia adentro de la reserva. Las aves marinas comen basura de plástico que flota, y viejos cables y redes de pesca pueden enredar y ahogar a focas y tortugas, y dañar arrecifes de coral.
Photos: top and right, National Oceanic and Atmospheric Administration/Department of Commerce; bottom, NOAA
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Las tortugas marinas sobrevivieron a la extinción de los dinosaurios, pero en la actualidad, seis de las siete especies están en peligro o amenazadas.

Este coral suave usa tentáculos venenosos para picar a sus diminutas presas.