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La desaparición de las abejas

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Originalmente publicado en inglés en la revista OnEartth de NRDC, Verano 2006

 
En el complejo de Oakdale, California, donde Anderson y su familia pasan el invierno, sus dos hijos menores, vestidos de color gris confederado, hacen una representación a muy pequeña escala de una batalla de la Guerra Civil bajo altos robles del valle. Anderson camina conmigo hacia mi auto cuando me dispongo a irme. Una sonrisa abyecta arruga su rostro enrojecido tras largas jornadas a la intemperie. "¿Sabe?" me dice, "es un callejón sin salida. Si mis abejas no vuelven a acercarse a los álamos, International Paper puede afirmar que no hay problema si rocía Sevin. Pero esos pastos para las abejas, de los que hemos dependido tantos años, podrían perderse para siempre."
 
Anderson stands by two pallets of his honeybees
El declive de las poblaciones de abejas domésticas ha llevado a la comunidad agrícola al borde de una crisis de polinización. La mayor esperanza para la supervivencia a largo plazo de muchos agricultores estadounidenses podría ser el resurgimiento de las abejas nativas. Y sin embargo ellas, al igual que sus primas domésticas, enfrentan algunos desalentadores obstáculos.
 
El Valle Central de California, una de las regiones agrícolas más productivas del Oeste, es un páramo vedado para las abejas nativas. Incontables acres de huertos, campos y rancherías suburbanas se mantienen despejados de cualquier cosa que se perciba como hierba, y eso incluye arbustos como el ceanothus, el espino y el algarrobo, cuyas flores son ricas fuentes de polen para las abejas a principios de la primavera.
 
Algunas docenas de abejas domésticas patrullan las impresionantes flores púrpura y rosa de un algarrobo que crece en un pequeño almácigo, remetido en las orillas de un estanque que cruza el campus de la Universidad de California en Davis. Entre ellas vuela un abejorro nativo, abrigado en la fría tarde con su grueso pelaje amarillo limón. Está cargando polen en sus estructuras corbiculares bordeadas de pelos parecidas a canastas en las patas traseras que guardan los brillantes granos para transportarlos a su colonia.
 
Robbin Thorp agita su red como una varita mágica y extrae a la abeja de la maraña de ramas donde se ha estado alimentando. Con movimientos expertos, la guía hasta el extremo puntiagudo de la red y la transfiere ilesa a un tubo de vidrio donde puedo estudiarla de cerca. Thorp, profesor emérito de entomología, ha dedicado una larga carrera a las abejas nativas. Como estudiante de posgrado en la década de 1950 identificó cinco especies antes desconocidas para la ciencia. Ahora, aunque su barba ya está blanca como la nieve y se jubiló oficialmente hace una década, Thorp sigue pasando tiempo en el campo. Pero estos días es más probable que rastree la disminución y la desaparición de abejas que antes eran abundantes.
 
Cuando Claire Kremen, bióloga conservacionista de la Universidad de California, Berkeley, se propuso en 1999 estudiar la contribución de las abejas nativas a la polinización de cultivos en el valle Central, llamó a Thorp para que capacitara a su equipo de investigación en el arte de identificar a las abejas al vuelo. Bajo su tutela, aprendieron a distinguir las especies locales de abejorro común, a reconocer las estrechas franjas amarillas y negras y la forma aerodinámica de una abeja squash y la iridiscencia azul-verde de una abeja metálica.
 
El estudio de Kremen se enfocó en las sandías, porque las flores necesitan mucho polen, aproximadamente 1,000 granos por flor, para producir una fruta comercial. Si las abejas nativas pueden polinizar una sandía, es probable que puedan hacerlo casi con cualquier otro cultivo. Ella y sus asistentes de campo pasan largos días del verano caminando por campos de sandías, contando los números de cada tipo de abejas nativas que ven trabajando en las flores. La investigación de Kremen, entre las primeras en examinar el estado de las abejas nativas en terrenos agrícolas de los Estados Unidos, produjo resultados impresionantes.
 
Los terrenos agrícolas sin bosques de robles cercanos o chaparrales tienen demasiadas pocas abejas nativas para prosperar sin los servicios de las abejas domésticas rentadas. Pero los que están cerca de los restos de hábitat silvestre albergan a abejas nativas de muchas especies, en cantidad suficiente para polinizar incluso cultivos demandantes como el de la sandía. Los terrenos agrícolas que entraron en esta categoría eran granjas orgánicas en parcelas más pequeñas de terreno en las laderas donde sobrevive la vegetación nativa. En contraste, las granjas convencionales no sólo usan una variedad de pesticidas sino que están ubicadas en medio del hostil paisaje del Valle Central.
 
"La polinización es un valioso servicio que estamos destruyendo con nuestras practicas de manejo de tierras”, dice Kremen. Pero señala que hay muchas formas en las que la agricultura convencional podría cambiar para sustentar a las abejas. Una de ellas es sembrar cultivos de cobertura como el centeno y el trébol, que no se cosechan sino que se barbechan para enriquecer el suelo después de florecer. Los agricultores también podrían usar caminos y zanjas para restaurar las plantas nativas y crear áreas de anidación para las abejas. Podrían reducir su uso de pesticidas o aplicarlos en la noche, cuando no hay abejas volando. Kremen piensa que los agricultores podrían hacer eso, no por preocupación desinteresada por las abejas amenazadas, sino porque, al final, protegerá sus propios ingresos. Como las abejas domésticas -- que ahora polinizan cultivos con un valor hasta de $14,000 millones al año en este país -- están disminuyendo abruptamente, se necesitan las abejas nativas como respaldo. Los costos de administración del hábitat de las abejas podrían compensarse con las reducciones en la cantidad que gasta un agricultor en la renta de abejas domésticas, un costo que sigue en aumento para muchos cultivos. En 1999, por ejemplo, los productores de ciruela en Estados Unidos pagaron aproximadamente $6.4 millones por la polinización de abejas domésticas.
 
Kremen pudo descubrir cuáles especies son más eficientes “entrevistando a las abejas". Para esto se cubren las flores de sandía con velos a prueba de abejas, descubriéndolas sólo el tiempo suficiente para que las visite una sola abeja, y se mide el polen que deja. Algunas de las nativas, incluidas dos especies de abejorro y la abeja squash, son mucho mejores para liberar el polen que las abejas domésticas. Kremen también señaló que en los dos años de su estudio, fluctuaron las cantidades de abejas nativas. En un año, algunos tipos de abejas de alta eficiencia realizaron la mayoría de la polinización. El siguiente, muchas especies contribuyeron. Ese hallazgo es un argumento a favor de la necesidad de mantener una diversidad de abejas, dejando suficiente flexibilidad para que los cultivos y sus polinizadoras sobrevivan a las condiciones cambiantes.
 
"Necesitamos tener una cartera de polinizadoras equilibrada, y ahora no la tenemos", dice Stephen Buchmann, fundador de The Bee Works, una empresa de consultoría ambiental que se especializa en problemas de polinización. "Al igual que para invertir necesitamos tener un equilibrio entre el riesgo a corto y a largo plazo."
 
Buchmann reconoce que las abejas domésticas son indispensables para la agricultura moderna, pero él señala que solas no pueden con la carga de la polinización de los cultivos. Él cree que la protección del hábitat de la abeja nativa y la administración activa de las especies nativas también debe ser parte de la solución para la escasez de polinizadoras. El surgimiento y la desaparición de la abeja álcali, relatados en su libro The Forgotten Pollinators (Las polinizadoras olvidadas), escrito con Gary Nabhan, ilustra el magnífico potencial agrícola de las abejas nativas y las amenazas que enfrentan.
 
La abeja álcali nativa, una creatura solitaria que cava su nido cerca de filtraciones en el suelo alcalino de los desiertos del oeste, es una campeona en la polinización de la alfalfa (el heno de alfalfa es un producto básico para las vacas lecheras y otro tipo de ganado). Las flores de la planta son típicas de las legumbres: Las partes sexuales se sostienen bajo tensión y para reunir polen una abeja debe provocar su liberación, recibiendo un latigazo en la cabeza en el proceso. Las abejas álcali, que son particularmente buenas para polinizar verduras silvestres como el loto y el locoweed, no se perturban por esta experiencia. Las abejas domésticas europeas la evitan.
 

última revisión 12/1/2008

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