Nexo 2 Chile-California en la gestión hídrica: eficiencia en la agricultura

Este blog fue coescrito con Andrea Becerra (NRDC). Traducido por Ynés M. Cabral

Los expertos en gestión hídrica muestran que la sequía continua extendiéndose en el oeste de los Estados Unidos y las predicciones colocan al año 2020 entre los 20 años más secos en California. Al otro lado del mundo, Chile se encuentra en medio de su propia mega sequía desde hace 11 años. Se espera que la parte central del país, como en años anteriores, sea la más afectada en las próximas décadas. En este escenario, NRDC y la Unidad de Ciudades Resilientes del Gobierno Regional Metropolitano de Santiago de Chile iniciaron el “El intercambio EE.UU.–Chile: Experiencias y soluciones compartidas de la gestión de agua” en febrero de 2020. Esta serie de seminarios en línea reúne a expertos en agua de NRDC en California y expertos en agua que trabajan en la región central de Chile para compartir experiencias, desafíos y soluciones. El blog anterior resume nuestro primer seminario en línea sobre las soluciones para abordar la sequía en el sector urbano.

La inseguridad hídrica y climática en la agricultura

La agricultura es un motor en el sector económico tanto en Chile como en California, desde el punto de vista de lo que produce y consume. En Chile, la agricultura representa el 18,5 por ciento de las exportaciones chilenas y representa casi el 85 por ciento de todos los derechos de agua otorgados a nivel nacional. En California, casi el 80 por ciento del agua destinada para el consumo humano se destina a la agricultura, lo que suministra a los Estados Unidos más del 30 por ciento de sus verduras y el 66 por ciento de sus frutas y nueces. El estado también representa más del 13 por ciento del valor agrícola del país.

Lamentablemente, el sector agrícola en ambos lugares consume agua a un ritmo insostenible dada su dependencia a cantidades mayores de las que proporciona la naturaleza en forma de deshielo, acuíferos subterráneos y precipitaciones. Se estima que 20 acuíferos en la Región Metropolitana de Chile están sobre asignados, lo que significa que los derechos otorgados a las personas para bombear agua subterránea exceden el suministro de agua disponible en la naturaleza. El Departamento de Recursos Hídricos de California (DWR, por sus siglas en inglés) ha identificado 21 cuencas y subcuencas de agua subterránea en las que se extrae más agua subterránea de la que se repone, lo que resulta en un “sobregiro” significativo. Para agravar las cosas, el cambio climático ha alterado cuándo y cuánta agua está disponible en todo el mundo, en especial para las economías que dependen de la agricultura como las que se encuentran en California y Chile, esto es relevante y preocupante. La urgencia de planificar es mayor que nunca.

Viñedo en Puente Alto, Chile

Wikimedia Commons

La eficiencia hídrica significa resiliencia climática

Para satisfacer las necesidades futuras de agua, es imprescindible mejorar la eficiencia con la que los productores agrícolas utilizan el agua en la actualidad. Es ciertamente una estrategia en la que todos ganan. La eficiencia hídrica protege a todos los usuarios, desde los agricultores hasta las especies en peligro de extinción, que dependen de los ecosistemas saludables. Ser más eficientes ayuda a los agricultores a soportar mejor los períodos secos. La eficiencia hídrica también ayuda a mejorar la calidad del agua y puede crear nuevas oportunidades para conservar el agua de los ecosistemas locales y proporcionar hábitats para las especies. Sin embargo, la infraestructura de riego, la mala calidad del suelo y los obstáculos regulatorios son tres barreras importantes para lograr un progreso a través del sector agrícola en la eficiencia del agua tanto en California como en Chile.

Infraestructura de riego

Al abordar la eficiencia hídrica es relevante preguntarnos cómo y cuándo las granjas implementan el riego de sus cultivos

Un estudio de 2014 realizado por NRDC y el Pacific Institute encontró que el uso del agua agrícola de California podría reducirse en 5.6-6.6 millones de acres-pies por año (6.9-8.1 mil millones de m3 por año), o 17-22 por ciento, mientras se mantiene la productividad y la superficie total en riego. Estos ahorros provendrían de la adopción de la tecnología de riego eficiente, una programación mejorada del riego y un riego deficitario regulado, que somete a ciertos cultivos tolerantes a la sequía bajo estrés hídrico, como las uvas para hacer vino y algunas nueces. Cuando el Distrito de Irrigación del Sur de San Joaquín (SSJID, por sus siglas en ingles) en California modernizó su sistema de agua, los agricultores de este distrito pudieron reducir el consumo de agua y energía en un 30 por ciento, así como mejorar los rendimientos en otro 30 por ciento. Esto habla del poder de invertir en la infraestructura, lo que hace que la transición a las aplicaciones agrícolas modernas sea más accesible.

Programar cuándo realizar el riego también puede desempeñar un papel importante en la reducción del uso de agua sin comprometer los rendimientos. La programación puede basarse en el contenido de agua del suelo, los datos meteorológicos o el seguimiento del estrés de las plantas. El mayor potencial de ahorro en el sector agrícola de California se asoció con una mejor programación del riego: 2.7-3.6 millones de acres-pies por año (3.3-4.4 mil millones de m3 por año). La infraestructura juega un papel fundamental en la adopción de la programación de riego. Un estudio de 112 fincas irrigadas a pequeña escala en el centro de Chile encontró que cuando se implementan sistemas de riego presurizados como por goteo o por aspersión es más probable que se adopte la programación.

La mala calidad del suelo

Los agricultores sin acceso a un riego más eficiente o tecnologías avanzadas tienen otra herramienta a sus pies: el suelo. Las prácticas que promueven la salud del suelo, como los cultivos de cobertura y la labranza cero, pueden mejorar la penetración del suelo y la capacidad de retención de agua, combatir la pérdida de agua y nutrientes y prevenir la erosión. Este modelo regenerativo de agricultura es también una solución comprobada para ahorrar dinero a los agricultores y generar el crecimiento de las economías rurales mediante la creación de nuevos puestos de trabajo y la prestación de servicios ecológicos por valor de millones de dólares.

Dave Scott es un especialista en ganado en el Centro Nacional de Tecnología Apropiada (NCAT, por sus siglas en inglés) con más de tres décadas de experiencia en pastoreo intensivo en múltiples potreros en Montana. Desde 2014, Dave y su esposa, Jenny, han puesto un mayor énfasis en la salud del suelo y han dejado que los microbios del suelo hagan su trabajo. Una sequía de 2016 puso a prueba la tierra de Montana Highland Lamb. Después de recortar el riego en cooperación con la solicitud del gobierno de regar menos durante la sequía, notó que el pasto de su prado seguía saludable. Este evento logró dos cosas: primero, se dio cuenta de que podía regar un 25 por ciento menos sin disminuir la producción de césped, pasando de un programa de riego diario a un ciclo de 10 días, y segundo, Dave se dio cuenta de que un suelo más saludable realmente hacía su granja más resiliente. El conocimiento de que en tiempos de sequía su tierra puede soportar menos agua para el riego es, como dice Dave, “tranquilidad para los productores”. La respuesta ha estado justo debajo de sus narices todo el tiempo.

Al centrarse en la salud del suelo, Dave también ha ahorrado dinero. Un suelo más saludable significa una menor necesidad de fertilizantes, menos mano de obra en el movimiento de las tuberías de riego y una mejor producción de pastos, lo que resulta en ahorros de $705 dólares por hectárea. Después de décadas en la producción agraria, una de las mejores lecciones que Dave extrae de su experiencia en el cambio a un sistema centrado en la salud del suelo es que “las cosas simples toman más tiempo en comprender”.

Gabriel Jimenez / Unsplash

En Chile, 36,5 millones de hectáreas (48,7 por ciento del territorio del país) se consideran erosionadas y 18,1 millones de hectáreas se clasifican como erosionadas “severamente” o “muy severamente”. Plenamente consciente de los beneficios de la salud del suelo, el gobierno federal de Chile aprobó una ley para subsidiar las prácticas agrícolas que promueven la salud del suelo en 2010. Según el gobierno, el suelo pobre es uno de los “muchos obstáculos que enfrentamos actualmente para alcanzar el segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible propuesto por la Organización de las Naciones Unidas”. Una publicación reciente de la Universidad Austral de Chile, postula que, si bien las prácticas de agricultura regenerativa son adoptadas cada vez más en fincas de pequeña escala, esta práctica no ha penetrado en la mayoría de los agricultores de gran escala; los autores citan una razón de esto como la falta de resultados probados localmente y de “protocolos ecológicos”.

Mejores herramientas normativas

Una mejor regulación y un mayor apoyo para incentivar a los agricultores a cambiar a nuevas prácticas de uso eficiente del agua pueden ayudar a desarrollar la resiliencia de las comunidades rurales a largo plazo. Si bien personas como Dave se han encargado de adoptar nuevas operaciones centradas en la salud del suelo, cambiar a nuevas prácticas de gestión de la tierra no siempre es una transición natural para los agricultores. Por esta razón, un impulso para acelerar el cambio hacia una mejor gestión del suelo tanto en Chile como en California es fundamental.

Un ejemplo de una herramienta para mejorar el manejo del suelo son los programas de cultivos de cobertura en los Estados Unidos. Los cultivos de cobertura se plantan en campos vacíos después de cosechar el cultivo comercial para ayudar a mantener las raíces vivas en el suelo. Las raíces de los cultivos de cobertura como las gramíneas y las legumbres proporcionan nutrientes importantes para los organismos beneficiosos del suelo, y también airean el suelo, lo que ayuda a que la lluvia se filtre en el suelo en lugar de escapar en forma de escorrentía. Sin embargo, la adopción de cultivos de cobertura sigue siendo baja y solo alrededor del 7 por ciento de las tierras agrícolas de EE. UU. utiliza cultivos de cobertura. NRDC trabaja para ampliar los cultivos de cobertura a través de incentivos innovadores entregados a través de programas de seguro de cultivos en Iowa e Illinois que les dan a los agricultores que usan cultivos de cobertura $5 por acre de descuento en su factura de seguro de cultivos. (Para conocer formas adicionales de promover la conservación del suelo, lea la “Guía para construir un suelo saludable”).

Tanto en Chile como en California, una parte sustancial del sector agrícola depende de los recursos de aguas subterráneas que están sobre asignados y sobreexplotados. Ambas regiones han intentado abordar esto mediante la creación de asociaciones de usuarios de aguas subterráneas. Según la Ley de Gestión Sostenible de Aguas Subterráneas (SGMA, por sus siglas en inglés), aprobada en 2014, las autoridades locales y regionales de las cuencas de aguas subterráneas de prioridad media y alta en California han formado agencias de sostenibilidad de aguas subterráneas que supervisan la preparación e implementación de un plan local de sostenibilidad de aguas subterráneas. SGMA es el primer intento de California para regular este recurso: el estado ha dependido en gran medida del agua subterránea durante décadas y la falta de regulación ha llevado a bombear su suministro en exceso.

De manera similar, en Chile, se han establecido Organizaciones de Usuarios de Aguas (OUA) subterránea en algunas cuencas para impulsar a los usuarios del agua, incluidos la minería, los agricultores y las empresas de servicios sanitarios, a trabajar juntos para administrar el recurso de manera más sostenible. Sin embargo, el número de estas asociaciones que desempeñan un papel activo en la gestión de las aguas subterráneas es limitado. La Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chile están trabajando y estudiando el OUA en la cuenca de Copiapó para comprender las lecciones aprendidas de esta experiencia a medida que se implementan los OUA en todo el país.

Si bien el marco legal para la creación de OUA como los de Chile y California es un primer paso, una implementación exitosa también depende de la gestión real de estas asociaciones. Según los expertos en gestión del agua en Chile, una OUA exitosa “exige el diálogo y la deliberación” que implica la cogestión del recurso por parte del Estado y los usuarios y un entendimiento mutuo de los intereses, preocupaciones y preferencias de las partes interesadas.

Mirando hacia adelante

El sector agrícola es muy vulnerable a los ciclos volátiles del agua, pero como un usuario importante de agua, también es uno de los mejores lugares para comenzar a mejorar la eficiencia del agua y construir comunidades rurales más resilientes. Para hacerlo, los legisladores deben incorporar estos elementos clave en los planes hídricos:

  • Abordar el cambio climático. Para mitigar los impactos futuros del calentamiento global en los recursos hídricos, debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de nuestros sectores de energía, transporte y agricultura. El manejo del suelo es más que una herramienta para promover mejores rendimientos y manejo del agua, también tiene el beneficio adicional de secuestrar carbono; de hecho, los suelos agrícolas tienen el potencial de secuestrar 250 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono en los Estados Unidos, que es equivalente a las emisiones anuales de 64 centrales eléctricas de carbón.
  • Invertir en una infraestructura de riego más moderna e implementar mecanismos financieros creativos. Las herramientas innovadoras de financiamiento verde pueden desempeñar un papel importante tanto en California como en Chile.
  • Crear y garantizar leyes y políticas que apoyen la conservación del agua y respalden nuestra capacidad de ser mejores administradores y administradores de este recurso tan importante a través de iniciativas como el programa de cultivos de cobertura y la creación de organizaciones de usuarios de aguas (OUA) subterráneas bien gestionadas.
  • Y, finalmente, fomentar la salud del suelo proporcionando asistencia técnica a los agricultores o ayudándoles a cambiar a la práctica para mejorar la salud del suelo.

About the Authors

Amanda Maxwell

Director, Latin America Project

Claire O'Connor

Director, Water & Agriculture, Water Division, Nature Program

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