¿Cómo ampliar el financiamiento climático en América Latina?

La decisión de retirar a los Estados Unidos del Acuerdo de París fue ampliamente criticada alrededor del mundo y generó cuestionamientos sobre cómo se cumplirían los objetivos del Acuerdo, incluidos los objetivos relacionados con el financiamiento climático. La buena noticia es que mientras el presidente Trump se niega a liderar la acción climática, este no es el caso de otros líderes de Estados Unidos. En las últimas semanas, hemos visto como numerosas ciudades, estados y corporaciones en los Estados Unidos han reiterado su apoyo al Acuerdo de París y se han comprometido a reducir sus emisiones, a pesar del anuncio de Trump. Sin embargo, un aspecto fundamental de la implementación del Acuerdo es determinar cómo se financiarán las inversiones en energías renovables, eficiencia, transporte limpio, gestión del agua y las acciones de adaptación que serán necesarias en todo el mundo en los próximos años y décadas. Al abandonar el Acuerdo de París, el presidente Trump también dio marcha atrás en cuanto al compromiso asumido por la Administración Obama de destinar US$ 3.000 millones al Fondo Verde para el Clima (sólo un tercio de los cuales ya habían sido entregados). Los cambios de prioridad de Estados Unidos bajo el gobierno de Trump también significan que la cooperación para el desarrollo y otros recursos previamente disponibles para iniciativas internacionales relacionadas con el clima y la energía limpia podrían ser severamente reducidos en el futuro, presentando un déficit de financiamiento climático internacional aún mayor.

En este contexto nuevo, ¿cómo pueden los países en desarrollo - históricamente los menos responsables del cambio climático y, sin embargo, los más vulnerables a sus impactos - cumplir con sus compromisos climáticos?

Esta es una cuestión crítica para América Latina y el Caribe (ALC), una región que ya sufre los impactos del cambio climático. Aunque casi todos los países de la región han presentado contribuciones nacionales o planes de acción climática, la mayoría requerirá cierto nivel de financiamiento de fuentes internacionales para poder cumplir con sus metas de mitigación más ambiciosas y lograr adaptar sus economías y comunidades vulnerables a un clima cambiante. Los costos de implementación de estos planes de acción climática aún están siendo estimados, pero basándonos en un cálculo conservador de la Corporación Financiera Internacional, la región de ALC necesitará invertir alrededor de US$ 176 mil millones por año entre 2016 y 2030.

Incluso en los escenarios más optimistas, las arcas públicas son insuficientes para cubrir semejante nivel de gasto necesario. Para lograr sus compromisos climáticos, los países de ALC necesitarán utilizar los programas y la financiación pública de manera juiciosa para atraer capital privado y ampliar la inversión en infraestructura baja en emisiones de carbono y resiliente al clima. Este era el caso incluso antes del anuncio de Trump. Ahora, es más urgente que nunca.

La buena noticia es que los países latinoamericanos ya han mostrado un liderazgo considerable en materia de acción climática, incluso trabajando para desarrollar medidas para financiar soluciones sostenibles. En México, el programa EcoCasa ofrecido por la Sociedad Hipotecaria Federal está ayudando a financiar la eficiencia energética en viviendas sociales al ofrecer hipotecas "verdes" para hogares con bajas emisiones de carbono. Mientras tanto, en Colombia, el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancóldex) tiene un programa de eficiencia energética dirigido a hoteles, clínicas y hospitales y otro dedicado a la financiación de autobuses híbridos.

Durante una conferencia en Ciudad de México que se lleva a cabo  esta semana, habrá una oportunidad para que algunos de los bancos nacionales de desarrollo de la región se reúnan con varios bancos de inversión verde (BIV) de Estados Unidos, el Reino Unido y otros países para discutir e intercambiar experiencias con soluciones financieras innovadoras que contribuyan a aumentar la inversión privada en infraestructura compatible con el cambio climático. Trump puede haber anunciado el retiro de los Estados Unidos del Acuerdo de París, pero no puede impedir que estados como Connecticut y Nueva York, y sus bancos verdes, inviertan en soluciones que ayudan a combatir el cambio climático y compartan sus experiencias con sus pares.

Alrededor del mundo, los bancos de inversión verde ya han mostrado resultados impresionantes en catalizar la inversión privada y reducir las emisiones. Varios elementos del modelo BIV son replicables en América Latina. Estos incluyen la creación de equipos especializados que trabajan bajo un estrecho mandato climático para desarrollar productos financieros que reducen los riesgos para el capital privado y también generan demanda de soluciones climáticas. La adaptación de estos enfoques y los tipos de herramientas de financiamiento que están utilizando los BIV al contexto de América Latina, podría ayudar a impulsar la implementación de planes climáticos nacionales.

Para seguir el evento esta semana, siga #ForoBancoVerde en Twitter. En esta página, también se pueden consultar algunos de los materiales de NRDC sobre cómo el modelo de banco de inversión verde podría ayudar a avanzar la acción climática en América Latina.

About the Authors

Carolina Herrera

Project Advocate, Climate & Clean Energy, Latin America Project, International Program

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