Por qué invertir en el manejo sostenible de la tierra en América Latina

La tierra es valiosa – Invierte en ella.”

Este es el lema del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación (WDCD por sus siglas en inglés) de este año, un problema que afecta a más de 250 millones de personas en todo el mundo. Doce millones de hectáreas de tierra apta para la agricultura se pierden cada año, equivalente a 23 hectáreas por minuto. Al terminar de leer este artículo, se habrán perdido mucho más que esa cantidad. Este desafío global tiene implicaciones serias para América Latina, donde la desertificación amenaza la seguridad alimentaria y los medios de vida de millones de personas. Afortunadamente, los gobiernos de la región están comenzando a tomar medidas para enfrentar la sequía y la desertificación. Los consumidores también tienen el poder de usar su dinero en productos sostenibles e impulsar una mejor gestión de la tierra.     

 
Agrónomos discuten la sequía en Río Bravo, México.

USDA a través de Flickr.

Las décadas de degradación de la tierra y el uso indebido de los recursos naturales para alimentar al mundo están impactando a los medios de vida que brinda la tierra. En América Latina, alrededor de 125 millones de personas que viven en tierras semiáridas y en áreas subhúmedas están especialmente en riesgo. Más del 68 por ciento del suelo en América del Sur es afectado por la erosión debido a la deforestación y el pastoreo excesivo. En Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, entre 27 y 43 por ciento del territorio se encuentra amenazado por la desertificación. Las cifras aumentan en Argentina, México y Paraguay, donde más de la mitad de la tierra se ve afectada por la desertificación y no es apta para el cultivo. La situación no es mejor en Centroamérica, donde la sequía ha provocado la pérdida de empleos e inseguridad alimentaria, siendo esta una de las principales causas de la migración reciente. México también ha experimentado aumentos en migración inducida por el cambio climático en zonas rurales del país, donde se pierden 1,036 kilómetros cuadrados de tierra cada año a causa de la desertificación. Según el coordinador para América Latina y el Caribe de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD, UNCCD por sus siglas en inglés) José Miguel Torrico, “los costos anuales de degradación de la tierra para Latinoamérica y el Caribe se calculan en $60.000 millones de dólares anuales.”

Los países de América Latina actúan ante el desafío

Aunque la situación parece alarmante, WDCD no es un día para lamentar las tierras que se han perdido. La ONU describe a WDCD como una "celebración" para conmemorar a las comunidades emprendedoras alrededor del mundo que están liderando la transición hacia mejores prácticas de manejo sostenible de la tierra. Es un día para recordar a los productores, y a los consumidores de todo el mundo, que existen métodos innovadores y mejores formas de cultivar alimentos que también protegen la tierra que cultivan. Un informe de 2016 del Instituto de Recursos del Mundiales (WRI, por sus siglas en ingles) calculó que la restauración de 20 millones de hectáreas de tierras degradadas en América Latina y el Caribe podría producir $23 mil millones de dólares en beneficios netos dentro de 50 años.

Queda mucho trabajo por hacer para prevenir o frenar la degradación de los suelos y restaurar la tierra apta para la agricultura, sin embargo, América Latina ha logrado algunos avances en la última década. La mayoría de los países de la región han priorizado la lucha contra la sequía y la desertificación mediante la adopción de Planes de Acción Nacionales (PAN), una iniciativa que se encuentra bajo la CNULD. Desde que ratificó su PAN en 1995, México ha desarrollado 38 programas federales para abordar la desertificación a través de iniciativas multisectoriales. Su estrategia incluye esfuerzos para la reforestación, conservación de suelos, pago por servicios ambientales, monitoreo de la sequía y desarrollo de obras hidráulicas de captación de agua de lluvia, entre otras acciones.

Recientemente, 22 países de América Latina han establecido objetivos de Neutralidad de la Degradación de Tierras (LDN por sus siglas en inglés) al 2030 para prevenir, minimizar o revertir la degradación de la tierra a través de la gestión sostenible de la tierra. LDN se define como “un estado donde la cantidad y calidad de los recursos de la tierra, necesarios para apoyar las funciones y servicios del ecosistema y mejorar la seguridad alimentaria, se mantiene estable o aumenta dentro de las escalas y ecosistemas temporales y espaciales especificados.” La tecnología de satélites y mapas, nuevas prácticas de gestión de la tierra y encuestas se utilizarán para implementar y monitorear el progreso de los objetivos LDN en Chile y Costa Rica, que han sido seleccionados como países piloto para el programa.

Un papel clave para los consumidores

Mientras que los gobiernos nacionales hacen su parte para impulsar las políticas y las inversiones hacia un futuro con suelos más saludables y fértiles, los consumidores también tienen el reto de participar en WDCD. La Secretaria Ejecutiva de la CNULD, Monique Barbut, cree que gran parte del cambio se basa en el poder del público y su papel para impulsar el mercado hacia prácticas más sustentables. Barbut dice, “cada moneda que gasta un consumidor determina dónde van las inversiones del sector privado y de los gobiernos, ya sea a proyectos que degradan la tierra o a buenas prácticas de uso de la tierra. No subestimemos cómo nuestras pequeñas decisiones individuales transforman el mundo, así que elijamos sabiamente nuestras compras.” Las decisiones y acciones que tomamos pueden ayudar a frenar y revertir la desertificación que está poniendo en peligro los medios de vida y los recursos naturales en todo el mundo.


Este blog fue escrito por Andrea Becerra, quien recientemente se graduó de The Fletcher School en Tufts University con una Maestría en Política Internacional de Medio Ambiente y Recursos y Gestión Integrada del Agua. Es consultora de NRDC centrada en temas de gestión de aguas urbanas y rurales en América Latina.

About the Authors

Carolina Herrera

Project Advocate, Climate & Clean Energy, Latin America Project, International Program

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