Prioridades climáticas para los Estados Unidos y México bajo la administración Biden

Traducido por Marilyn Martinez.

El presidente electo Biden podría, y debería, abrir la puerta a una renovada colaboración y liderazgo de América del Norte en materia de cambio climático y energía limpia, que prácticamente ha desaparecido durante los últimos cuatro años. Para que eso suceda, su administración deberá lograr alentar al presidente Andrés Manuel López Obrador a que respalde políticas que permitan a México alcanzar su potencial como potencia de energía renovable. México históricamente ha sido considerado un líder global en política de cambio climático. Era uno de los primeros países en el mundo y la primera economía en desarrollo en pasar una ley de cambio climático en 2012, y también uno de los primeros países en presentar una Contribución Determinada a nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés) bajo el marco del Acuerdo de París. La ley de cambio climático fue después actualizada en 2018 para alinear las políticas nacionales con los acuerdos internacionales de México. Desafortunadamente, en un esfuerzo para reforzar las dos empresas estatales de energía, el presidente López Obrador (AMLO) ha impulsado un número de políticas a favor de los combustibles fósiles que representan un paso atrás en el proceso hecho anteriormente. La administración del presidente Biden enfrentará grandes retos para lograr que AMLO cambie de rumbo, pero es una tarea esencial a medida que los Estados Unidos regresa al ámbito de la política climática internacional. Si bien las emisiones de gases de efecto invernadero de México son menores a las de los Estados Unidos y Canadá, el país  es aun así el doceavo mayor emisor en el mundo. La estrecha integración del mercado mexicano con sus vecinos en el norte también significa que esfuerzos para combatir el cambio climático en México tienen un impacto significativo.

Oaxaca I Lamatalaventosa Wind Farm in Mexico

Walmart from Bentonville, USA, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Desde que AMLO tomó la presidencia en diciembre del 2018, su Gobierno ha intentado consolidar la posición de las empresas públicas de energía, Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Muchas de las acciones que el Gobierno ha tomado afectan negativamente a los proyectos de energías renovables que son mayormente privados. Estas acciones incluyen la cancelación de la 4a subasta de electricidad a largo plazo, modificación de las reglas de Certificados de Energía Limpia, cambios en las políticas de interconexión a la red y aumentos en las tarifas de transmisión que impactan negativamente a los proyectos de energía renovable. El gobierno también recortó los presupuestos para las energías renovables, reasignó esos fondos para renovar las centrales eléctricas de carbón más antiguas y planea nuevas plantas de combustibles fósiles y una refinería. Si bien algunas de las acciones impulsadas por el gobierno se ven obstaculizadas por procesos judiciales, la incertidumbre resultante ya puede estar disuadiendo futuras inversiones en energía renovable. Además de crear riesgos de transición climática para las finanzas públicas de México, apostar por una estrategia energética centrada en combustibles fósiles hará que sea extremadamente difícil para el país cumplir con sus objetivos nacionales de energía limpia y reducción de emisiones.

Al estar contribuyendo al calentamiento global en el largo plazo, acciones equivocadas cómo estás frenan el desarrollo sustentable y la justicia social a las que el Gobierno de AMLO aspira. La vulnerabilidad de México a los impactos del calentamiento global es grave y los riesgos principalmente afectan a los grupos más vulnerables y las comunidades marginadas. El gobierno calcula que el costo anual de las inundaciones fluviales en México es alrededor de US$7,000 millones, y el clima cambiante podría tener un costo total de más de US$1,000 millones entre 2020 a 2029 en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. También es desafortunado porque México podría avanzar más hacia la “soberanía energética” —una de las promesas de AMLO—al enfocarse en fortalecer sus sectores de energía renovable y eficiencia energética para así asegurar que estos recursos beneficien a comunidades marginadas.

Muy seguramente va a ser un reto para del presidente electo Biden el establecer una relación positiva y productiva con México. A pesar de los repetidos insultos del presidente Trump hacia México, AMLO mantuvo una buena relación con él. Expertos apuntan sus similitudes en personalidad y estilos de gobernanza. AMLO fue uno de los últimos líderes en reconocer la victoria del presidente electo Biden, y él no está interesado en la participación extranjera en los asuntos de México. Aun así, la agenda climática del presidente electo Biden incluye mayor colaboración con Latinoamérica en materia de cambio climático e iniciativas de energía limpia. México sería una parte crítica de este trabajo.

Afortunadamente, los lazos cercanos entre México y los Estados Unidos significan que hay muchas maneras en que la administración de Biden podría interactuar con el  país y contribuir a regresar a México a compromisos de cambio climático y energías limpias, para el beneficio de ambos países. México fue el mayor socio comercial de los Estados Unidos durante los primeros tres trimestres del 2020 con US$386 millones de dólares moviéndose entre los dos países, y el mayor socio comercial de bienes en 2019. Los mercados, los sistemas de transportación, los sectores de energía, ecosistemas, recursos naturales y las personas de Estados Unidos y México están estrechamente unidos. Estas conexiones presentan oportunidades reales. La siguiente administración debe trabajar de manera temprana y sólida con la administración de AMLO y otros niveles de Gobierno para identificar áreas de colaboración en materia de cambio climático y energía para:

  1. Priorizar acciones climáticas e iniciativas bilaterales y trilaterales de beneficio mutuo. Para empezar, se deberían movilizar esfuerzos bilaterales o en el marco de iniciativas trilaterales, como la Cumbre de Líderes de Norte América, que han casi desaparecido en la administración de Trump. Estas iniciativas deberían tener el cambio climático como un área de enfoque fundamental, resaltando los beneficios de la energía renovable y cómo estas tecnologías son la mejor manera para alcanzar soberanía energética y crear empleos en el siglo 21. Una vez creadas, este tipo de programas bilaterales y trilaterales requieren colaboración a través de varias agencias y niveles de Gobierno que pueden crear foros para el diálogo y construir capacidad técnica en soluciones de energía limpia.
  2. Incorporar el cambio climático en el acuerdo T-MEC. Trump, AMLO y el primer ministro canadiense Trudeau, estaban orgullosos de renegociar el antiguo TLCAN y firmar en su reemplazo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). A pesar de algunos avances ambientales, el tratado tiene una falla mayor: no menciona el cambio climático. Como mínimo, Biden podría alentar a México a cumplir con sus compromisos climáticos agregando el Acuerdo de París a la lista de acuerdos ambientales multilaterales al que cada país en el T-MEC se compromete. Para ser más específico, los Estados Unidos podría requerir que el cambio climático sea incorporado en otras áreas del acuerdo. Para avanzar con estos dos puntos sería necesario reabrir las negociaciones con México y Canadá. Si bien esto podría ser un esfuerzo mayor, sería importante, especialmente si el T-MEC servirá como el nuevo formato para los futuros acuerdos comerciales de los Estados Unidos. La nueva administración podría también apoyar a las compañías que utilizan este acuerdo para abordar el hecho de que las acciones del gobierno mexicano amenazan las inversiones renovables estadounidenses.
  3. Alinear esfuerzos ambientales y su implementación. El presidente electo Biden y su administración deberían priorizar trabajar con contrapartes mexicanas para armonizar regulaciones ambientales clave y esfuerzos de implementación entre Estados Unidos y México. Esto incluye estándares para calidad de aire, calidad de agua y calidad de combustibles, los cuales no sólo contribuyen al calentamiento global, sino también, empeoran la salud pública y ambientes locales a la expensa de las comunidades. Biden ha dejado en claro que tiene la intención de deshacer los retrocesos de Trump en estos mismos estándares en los Estados Unidos, por lo que trabajar con México para apoyar el aire y el agua limpios en América del Norte es el siguiente paso natural. Las autoridades ambientales podrían trabajar juntas para armonizar estándares y compartir experiencias de aplicación.

Como uno de los dos principales emisores de América Latina y una voz históricamente progresista en cuestiones climáticas internacionales, México ha sido anteriormente un actor clave en la lucha contra el cambio climático global. Ahora más que nunca, a medida que la crisis climática se vuelve cada vez más urgente, necesitamos ambición y colaboración de nuestros líderes. El presidente electo Biden está en una buena posición para ayudar a que México vuelva a ser un líder regional, y al mismo tiempo juntos crear beneficios para los ciudadanos mexicanos y estadounidenses.

About the Authors

Carolina Herrera

Manager, Green Finance & Climate Change, Latin America Project

Amanda Maxwell

Director, Latin America Project

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