Aprovechando de la infraestructura verde en Chile

Este blog fue escrito por Andrea Becerra, quien recientemente se graduó de The Fletcher School en Tufts University con una Maestría en Política Internacional de Medio Ambiente y Recursos y Gestión Integrada del Agua. Es consultora de NRDC centrada en temas de gestión de aguas urbanas y rurales en América Latina.

Las soluciones basadas en la naturaleza son el foco de la Semana Mundial del Agua de este año en Estocolmo, donde miles se reunirán para discutir desafíos críticos y soluciones innovadoras en la gestión de los recursos hídricos que están cada vez más amenazados. Dentro de las soluciones basadas en la naturaleza se encuentra la infraestructura verde que aprovecha la capacidad de la naturaleza para limpiar el aire, aliviar las inundaciones, filtrar el agua y mitigar el calor excesivo. Dos ejemplos de infraestructura verde que brindan una gestión natural del agua son los techos verdes y los jardines de lluvia, que ayudan a los centros urbanos a imitar el ciclo del agua y mejorar la capacidad de una ciudad para redirigir, absorber y reutilizar el agua de inundaciones. Esta es una herramienta importante para regiones bajo estrés hídrico como Santiago, Chile, que ya lidian con la escasez de agua y las inundaciones, amenazas que solo se intensificarán con el cambio climático.

La urbanización, junto con el cambio climático, hace que Santiago sea particularmente vulnerable a las inundaciones y la pérdida de valiosa recarga del agua subterránea. Con el fin de acomodar a una población en crecimiento, la ciudad se ha expandido a la periferia, reemplazando paisajes naturales y tierras agrícolas con caminos pavimentados, edificios residenciales y centros comerciales. Los fuertes aguaceros y las calles impermeables de la ciudad dejan poco espacio para que las aguas de inundaciones puedan escapar. Al mismo tiempo, las superficies impermeables disminuyen la tasa de recarga de las aguas subterráneas.

En consecuencia, en menos de una década, Santiago ha sufrido tres grandes inundaciones que cortaron el suministro de agua a cientos de miles de personas. La peor de esas inundaciones, en 2017, dejó a más de cuatro millones de personas sin agua. Si la expansión y construcción de la ciudad continúa a las tasas de hoy, los científicos del Centro de Investigación Ambiental Helmholtz predicen que los riesgos de inundación aumentarán. Más allá de las interrupciones del agua, las inundaciones también pueden causar cortes de electricidad, aumentar la propagación de enfermedades transmitidas por el agua, pueden ser mortales y causar daños importantes y costosos a la infraestructura.

Inundación afecta las calles de Providencia en Santiago.

Alobos a través de Flickr

Mientras tanto, se proyecta que la cuenca del río Maipo, la fuente de agua más importante para Santiago va a sufrir una reducción del 40 por ciento de su balance hídrico para el año 2070 debido a la pérdida de precipitaciones y el retroceso de los glaciares vinculado al cambio climático. La región ya ha vivido uno de los años más secos. De 2011 a 2015, Santiago sufrió una sequía prolongada reconocida como la megasequía, que se caracteriza por un 30-70 por ciento de déficit de precipitación anual y el período de seis años más cálidos del registro histórico. La sobreasignación de los recursos hídricos agrava el problema: un total de 20 acuíferos en Santiago y sus alrededores son extraídos en exceso y las cantidades de agua están disminuyendo.

En regiones propensas a las inundaciones y las sequías como Santiago, la infraestructura verde puede servir el doble propósito de aliviar el daño causado por las inundaciones y al mismo tiempo aumentar la recarga de aguas subterráneas. La infraestructura verde se presenta en muchas formas y escalas, desde estacionamientos permeables hasta la conservación de la tierra. A diferencia del pavimento, los bosques y los estacionamientos permeables retienen agua y reducen la escorrentía, reduciendo los picos de las inundaciones. Al mismo tiempo, el agua que no se pierde como escorrentía superficial puede infiltrarse en los suelos y en el pavimento poroso, aumentando la recarga de agua subterránea.

Gris vs. Verde

Infografía creada por Andrea Becerra

La infografía muestra dos versiones de la misma ciudad, una con infraestructura verde y otra sin. En el escenario de la izquierda, el agua de una tormenta se acumula rápidamente sobre las superficies impermeables. A la derecha, una gran cantidad de infraestructura verde—arboles, tejados verdes, barriles de lluvia, biofiltros que bordean las calles y un estacionamiento permeable—ayuda a frenar, recolectar y filtrar las aguas pluviales. La misma tormenta que causa un diluvio de agua en una versión de la ciudad, apenas interrumpe la otra.

La Semana Mundial del Agua de este año se centra en la importancia de equilibrar las soluciones verdes y grises. La infraestructura gris de concreto y acero, como oleoductos y zanjas, cumple una importante función en todo el mundo. Sin embargo, tiende a servir al único propósito de canalizar agua, a diferencia de los múltiples beneficios sociales que ofrece la infraestructura verde.

Las soluciones naturales que disminuyen la escorrentía y aumentan la infiltración también pueden hacer que las ciudades sean más saludables, más limpias, más frescas en el verano y más hermosas. Según un estudio reciente la salud mental mejoro en partes de Pennsylvania donde los lotes urbanos vacantes se convirtieron en espacios verdes. La infraestructura verde también ayuda a purificar el aire. Esto es especialmente beneficioso en el centro de Chile, donde los niveles de contaminación por partículas son tan altos que el aire es considerado uno de los más tóxicos en las Américas. Además, la filtración de agua a través de soluciones naturales puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del bombeo y el tratamiento de aguas residuales.

Más allá de los beneficios ambientales, la infraestructura verde también tiene sentido financiero. Tanto Lancaster, Pensilvania, como Milwaukee, Wisconsin, han tenido éxito reduciendo los costos de tratamiento de aguas residuales a través de la infraestructura verde, lo que ha significado un ahorro anual de $ 600,000 y $ 1.3 millones de dólares, respectivamente. En el otro lado del mundo, las comunidades costeras en Vietnam han recurrido a la reforestación de manglares como una estrategia para mitigar los riesgos de las inundaciones. Una de estas comunidades, Soc Trang, ahorrará aproximadamente $ 1.8 millones de dólares en 20 años mediante la implementación de la rehabilitación de manglares en lugar de un sistema tradicional de diques de concreto.

El agua de la calle se drena en un biofiltro en Washington, DC.

Erick Fischer a través de Flickr

No es sorprendente que la Semana Mundial del Agua 2018 se centrara en el valioso papel que la naturaleza puede desempeñar en la solución de los problemas hídricos más urgentes. La infraestructura verde tiene sentido ambiental, social y económico. El gobierno chileno reconoce la importancia de abordar los riesgos de inundación y la escasez de agua en sus planes de cambio climático y adaptación. Sin embargo, la infraestructura verde no se menciona de forma explícita como parte de la solución. Chile ha demostrado liderazgo en muchas circunstancias, desde ser el primer país sudamericano en implementar un impuesto al carbono hasta el primero en abrir una planta de energía geotérmica. Puede seguir demostrando su compromiso al desarrollo sostenible frente al cambio climático aprovechando la infraestructura verde como una herramienta para aumentar el suministro de agua, restaurar los acuíferos y reducir las inundaciones.

About the Authors

Erika Moyer

Program Assistant, Latin America and International Climate

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