Reciclar más agua: resolución de año nuevo para América Latina

Andrea Becerra es la autora de esta publicación. 

Siendo una de las regiones más vulnerables al cambio climático, América Latina tiene una larga lista de resoluciones para desarrollar su resiliencia para 2019. Una prioridad en esta lista debería ser acelerar la adopción de soluciones de reciclaje de aguas residuales. América Latina tiene una abundancia de agua dulce, sin embargo gran parte de la región lucha contra la escasez de agua. En 2015, el centro de Chile salió de una “megasequía” de cinco años. Al año siguiente, Bolivia sufrió su peor crisis de agua en 25 años. Y en 2018, un período seco en América Central causó importantes pérdidas de cultivos que amenazaron la seguridad alimentaria de 2,8 millones de personas. A medida que las poblaciones sigan creciendo y demandando más agua, se espera que los suministros de agua dulce disminuyan debido al cambio climático. El reciclaje de aguas residuales presenta una oportunidad importante en un futuro incierto.

Trabajador toma muestra de agua en la planta de reutilización de aguas residuales industriales Aquapolo en São Paulo, Brasil.

Foto de Rogério Reis a través de Wikimedia Commons

El agua reciclada puede provenir de sistemas de alcantarillado municipal, agricultura y procesos industriales. Una vez tratadas, las aguas residuales pueden ser más limpias que el agua de nuestros grifos. Partes de México, Brasil y Chile ya están comenzando a experimentar con la reutilización del agua. Un viñedo en Tijuana utiliza agua tratada para irrigar su plantación de vides, convirtiendo el agua que una vez fue destinada al Pacífico en un Cabernet Sauvignon. Un exitoso proyecto piloto de reciclaje de aguas residuales en Coquimbo, en el árido norte de Chile, utilizó agua tratada para regar seis hectáreas de alfalfa. Según los investigadores del estudio, la implementación de un modelo similar a otros cultivos de uso intensivo de agua, como los aguacates o las paltas, podría ahorrarle a la industria agrícola un costo anual de 1,200 millones de pesos chilenos (1,75 millones de dólares). Como sede de la planta de reciclaje de aguas residuales más grande de América Latina, Brasil estás liderando a sus vecinos: Aquapolo en São Paulo proporciona agua no potable para varias industrias en la región, reciclando un suministro equivalente a agua para 500,000 habitantes.

A medida que las empresas de reciclaje de aguas residuales están comenzando a despegar, América Latina tiene bastante espacio para crecer. En algunas partes de la región, las aguas residuales ni siquiera se tratan. Lugares como Chile que tratan el 90 por ciento de sus aguas residuales están más que listos para emplear soluciones de reciclaje. Otros países, como Costa Rica (que trata menos del 4 por ciento), tendrán la oportunidad de implementar desde cero la infraestructura y tecnología para tratar y reciclar los efluentes del agua.

Vista aérea de la depuradora

Foto de Ivan Bandura a través de Unsplash

Una alternativa viable

Comparado a la desalinización, la reutilización del agua es considerada una opción superior. Requiere menos energía y es más sostenible y rentable. Un estudio reciente descubrió que 16,000 plantas desalinizadoras en todo el mundo producen más desechos tóxicos que agua potable. Otro estudio de 24 años realizado por el Instituto del Pacífico encontró que la desalinización es constantemente más costosa que reciclar el agua. Cuando el agua se recicla, hay más agua dulce disponible para el consumo y para el medio ambiente, para recargar los acuíferos sobreexplotados o rellenar los ríos. Desde la producción de energía hasta el desarrollo de fertilizantes durante el proceso de tratamiento de aguas residuales, el reciclaje de agua también presenta varias oportunidades de lucro.

Infografía por el Banco Mundial

La reutilización de aguas residuales ha existido desde los años sesenta y, a pesar de sus beneficios, gran parte del mundo ha tardado en adoptar soluciones de reciclaje de agua. El "factor asco" de reutilizar el agua de los desechos de la industria o el agua potable que una vez corrió por nuestros fregaderos es difícil de tragar para la sociedad. Si bien la idea no es fácil de vender, muchas regiones y empresas de servicios públicos alrededor del mundo están implementando soluciones de reciclaje de aguas residuales con éxito y a gran escala, incluidas Israel, Singapur y partes de California, incluso en la Estación Espacial Internacional. En los últimos años Orange County, California, ha organizando campañas de sensibilización pública para promover los beneficios del reciclaje de aguas residuales. Algunas campañas destacadas incluyen una parodia por parte del actor Jack Black en la que bebe agua reciclada del “Manantial de Porcelana” y la campaña actual de hoy #GetOverIt! (#Superalo!), que invita a ciudadanos de California a participar en una prueba de sabor del agua tratada.

A medida que las poblaciones crecen y el cambio climático disminuye los recursos hídricos, América Latina debe trabajar rápidamente para integrar buenas prácticas en la gestión de agua y crear conciencia para la conservación del agua. Mientras que las regiones se urbanizan y se desarrollan, se proyecta que la brecha entre la demanda de agua y el suministro de agua aumentará, destacando la importancia de poner en práctica soluciones como el reciclaje de aguas residuales. Si bien soluciones como la reutilización de aguas residuales serán críticas para crear resiliencia ante la escasez de agua, es importante señalar que América Latina también tiene que enfrentar la tarea muy importante de mejorar los servicios de saneamiento en general: el 40 por ciento de la población no está conectada a un sistema de alcantarillado y menos del 40 por ciento de las aguas residuales en la región son tratadas. Si América Latina quiere avanzar en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 para “garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”, tendrá que hacer más que aumentar el reciclaje de aguas residuales. Gran parte del desafío consiste en cambiar la mentalidad de los responsables políticos, el sector privado, las empresas de servicios públicos, y los consumidores. La tecnología y las soluciones ya existen, el reto es cómo motivar a los actores clave para que adopten nuevas estrategias e inviertan en nuevas ideas.


Andrea Becerra recientemente se graduó de The Fletcher School en la Universidad de Tufts con una maestría en medio ambiente internacional y política de recursos y gestión integrada del agua. Es consultora para NRDC y se centra en temas de gestión de agua urbana y rural en América Latina.

About the Authors

Erika Moyer

Program Assistant, Latin America and International Climate

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