La crisis climática es una cuestión de justicia reproductiva

El martes, el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, confirmó que el borrador de la opinión escrita por el juez Samuel Alito, que abogaba por la anulación de Roe v. Wade y que se filtró a Politico.com durante la noche del 2 de mayo, era, de hecho, real.

El NRDC se une a organizaciones como In Our Own Voice, National Asian Pacific American Women's Forum, National Birth Equity Collaborative, National Latina Institute for Reproductive Justice, Sister Song y muchas otras para defender los derechos reproductivos de todas las mujeres y personas que dan a luz para acceder a una atención sanitaria reproductiva segura.

Si el tribunal anula el caso Roe contra Wade, esta medida pondría fin a cualquier derecho constitucional federal al acceso seguro y legal al aborto en Estados Unidos, lo que permitiría a los estados elegir por sí mismos si prohíben el procedimiento. Doce estados ya tienen leyes de “activación” que convertirían automáticamente el aborto en un delito. Muchos otros estados ya han tomado medidas para restringir el aborto, al utilizar lagunas legales para hacer efectivamente imposible el dar o recibir la atención reproductiva, como la prohibición de abortar después de 15 semanas (Texas y Oklahoma aprobaron restricciones a partir de las seis semanas), antes de que muchas mujeres sepan siquiera que están embarazadas. Como consecuencia, los abortos podrían ser ilegales en un futuro inmediato o casi imposibles de acceder en hasta 31 estados, con una población combinada de más de 135 millones de personas.

Si la Corte Suprema de los Estados Unidos revoca o anula Roe vs Wade, seguramente 26 estados prohibirán el aborto

Instituto Guttmacher

De los derechos reproductivos a la justicia reproductiva

El acceso al aborto no es simplemente el derecho a decidir cuándo tener un hijo o a tener acceso a la atención sanitaria para las personas que quedan embarazadas. Es también una cuestión de justicia económica, racial y medioambiental.

El derecho de los seres humanos a controlar su cuerpo, el derecho a vivir en entornos que permitan a las personas llevar una vida sana y, en caso de que lo elijan, el derecho a tener (o a no tener) y a cuidar a los hijos es fundamental para la misión y el interés de toda la comunidad ecologista.

Estos principios constituyen el núcleo del movimiento por la justicia reproductiva. Este movimiento surgió de la frustración de las mujeres negras ante los límites establecidos a los derechos reproductivos, que no lograban captar la compleja dinámica social, política y económica que ellas y muchas otras mujeres de color experimentan. Reunidas en 1994 a raíz de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en El Cairo, las mujeres negras declararon que la justicia reproductiva lleva nuestro debate más allá de los derechos reproductivos, que con demasiada frecuencia se limitan a la anticoncepción, el acceso al aborto y la idea de ser “pro-opción”. Un marco de justicia aborda las formas en que la raza, la orientación sexual, el estatus de ciudadanía y la religión son objetivos sistemáticos para limitar la capacidad de las mujeres—y de las personas que dan a luz—de actuar y cumplir con sus derechos de elección. Los factores relacionados con los ingresos, el acceso a la vivienda y el sistema de justicia penal también actúan para restringir las opciones que tienen muchas mujeres de color y personas con bajos ingresos, lo que afecta no sólo a su acceso a los servicios de aborto cuando los necesitan, sino a toda la gama de servicios de salud reproductiva, como la atención pre y postnatal, que a menudo se descuidan en los debates sobre derechos reproductivos.

“Doce estados ya tienen leyes de “activación” que convertirían automáticamente el aborto en una ofensa criminal...Como resultado, los abortos pronto podrían ser ilegales o casi imposibles de acceder en hasta 31 estados, con una población combinada de más de 135 millones de personas”.

La limitación del acceso a los servicios de salud reproductiva afecta de manera desproporcionada a las comunidades negras, latinas y de bajos ingresos en todo Estados Unidos. Estas desigualdades provocan efectos negativos en muchos otros ámbitos, perpetuando las desigualdades de género y raciales.

Las personas no sólo ven que los resultados generales de salud mejoran cuando se respetan sus derechos sobre su propio cuerpo. También perciben mayores ingresos y ganancias en su carrera, avanzan más en su educación y tienen menos probabilidades de sentirse atrapadas en relaciones abusivas.

La libertad de las mujeres para elegir y actuar de acuerdo con toda su gama de derechos humanos a la salud es una base fundamental para un mundo más justo y sostenible, y ahora la crisis climática está aumentando los riesgos para vivir esas libertades.

La crisis climática es un problema de justicia reproductiva

Los efectos negativos para la salud y la economía que probablemente se produzcan al suprimir el derecho al aborto y limitar el acceso a la atención reproductiva se verán muy agravados por el cambio climático.

Cada año hay más pruebas de desastres ambientales relacionados con el cambio climático que modifican las economías y las estructuras sociales y alteran fundamentalmente la vida en el planeta. La cuestión ya no es “porqué” o “si” está ocurriendo el cambio climático, sino cómo se ven afectadas las comunidades de todo el mundo y cómo vamos a responder colectivamente para salvaguardar la salud, la seguridad y la libertad de las personas.

“La limitación del acceso a los servicios de salud reproductiva afecta de manera desproporcionada a las comunidades negras, de color y de bajos ingresos en todo Estados Unidos. Esas desigualdades provocan efectos negativos en muchos otros ámbitos, perpetuando las desigualdades de género y raciales”.

Gracias a los esfuerzos de muchos líderes y defensores de la justicia ambiental, sabemos cómo el racismo determina los patrones de carga ambiental, el riesgo climático y las políticas para abordarlo. Sin embargo, la forma en que se experimentan los impactos del cambio climático también está significativamente determinada por el género. Sin embargo, el análisis de las causas y los riesgos de los impactos del cambio climático desde el punto de vista del género son mucho menos apreciados, especialmente en Estados Unidos, donde los desastres naturales inducidos por el clima desplazan a las mujeres de sus hogares a un ritmo desproporcionado.

El movimiento por la justicia climática (sobre todo en Estados Unidos) debe esforzarse más por integrar una perspectiva de género en nuestra defensa e investigación del clima. En el ámbito internacional, esta labor ya está muy avanzada con la incorporación del análisis de género en las evaluaciones de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN), que se presentan anualmente a las Naciones Unidas. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ofrece orientación a las partes interesadas del gobierno y a los defensores para ayudar a desarrollar medidas que garanticen que la acción climática nacional apoye la equidad de género.

Del mismo modo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluyen el Objetivo 5 sobre la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas, y lo vinculan explícitamente al Objetivo 13 sobre la acción climática.

Todo este trabajo ha llevado a una comprensión más profunda de las conexiones entre el cambio climático y la justicia reproductiva de las mujeres a nivel internacional, con un enfoque en los países en desarrollo. Sin embargo, se sabe mucho menos sobre cómo se entrecruzan estas dinámicas en los Estados Unidos.

La investigación ha descubierto el impacto acumulativo que el cambio climático tiene como factor de estrés en la salud reproductiva, aumentando las cargas ya elevadas de las mujeres de color. Los efectos combinados del aumento de las temperaturas medias, la contaminación atmosférica y el creciente riesgo de desplazamientos y trastornos debidos a las condiciones meteorológicas extremas, junto con el acceso ya inadecuado (y que empeora en muchos estados) a los servicios de salud reproductiva, contribuyen a elevar las tasas de mortalidad materna e infantil entre las mujeres de color, y las mujeres negras en particular.

Sin embargo, la mayoría de los planes de acción climática y los servicios meteorológicos de emergencia no abordan el género como una categoría específica de riesgo. Sin la investigación basada en un marco de justicia reproductiva para comprender mejor y responder a los efectos inequitativos que el cambio climático tiene sobre las mujeres y las personas que dan a luz, no hay ninguna presión para cambiar las políticas públicas o las estrategias para abordar la dinámica de género del cambio climático.

“Todo este trabajo ha llevado a una comprensión más profunda de las conexiones entre el cambio climático y la justicia reproductiva de las mujeres a nivel internacional y con un enfoque en los países en desarrollo. Sin embargo, se entiende mucho menos cómo se cruzan estas dinámicas en los Estados Unidos”.

Cualquier decisión de la  Corte Suprema que elimine el derecho al aborto agravaría el riesgo al que se enfrentan las mujeres debido al cambio climático, y situaría los derechos y la justicia de las mujeres aún más afuera de los marcos legales que deberían protegerlas y reforzar su defensa.

Tu lucha es mi lucha

La justicia reproductiva debe estar a la vanguardia de la acción para abordar la crisis climática mundial. Las mujeres de color son, al mismo tiempo, las más afectadas por el cambio climático y la injusticia medioambiental, incluso cuando han sido las líderes que más se han manifestado a favor de soluciones justas y eficaces a través de las organizaciones de justicia medioambiental de todo el país.

Al igual que nos hemos levantado para denunciar el racismo y nos comprometemos a defender la justicia racial, ahora debemos denunciar la misoginia y la misoginia de género hacia las mujeres negras pues es lo que hay detrás de los ataques contra el caso Roe v. Wade, y unirnos a nuestros aliados para defender la justicia de género antes de que cualquier decisión de anulación sea definitiva.

“...acabar con la protección legal de los derechos reproductivos tendrá, al igual que el cambio climático, efectos desproporcionados en las mujeres negras y latinas. Es más probable que ellas trabajen en la economía de servicios con bajos salarios, con pocas prestaciones (si es que hay alguna) de salud y sin tiempo de licencia familiar pagado para cuidar a los niños pequeños, todo lo cual aumenta el riesgo de depresión posparto”.

A medida que el movimiento conservador arrastra a la nación a retroceder en materia de justicia reproductiva, otras naciones siguen avanzando y adelantándose a nosotros.

El hecho de que La Corte Suprema esté considerando anular el caso Roe v. Wade se agrega a la creciente lista de acciones que nos hacen retroceder en el tiempo. Desde las prohibiciones de libros contra la teoría crítica de la raza y el contenido LGBTQ hasta los ataques políticos contra los jóvenes transgénero, vemos una tendencia preocupante hacia la dependencia de la política de reacción: un movimiento político en el que una parte está más interesada en promulgar políticas para perjudicar a las personas que odian y temen en vez de abordar un sin número de asuntos, como el aumento de la pobreza, la desigualdad y la crisis climática.

La justicia reproductiva es transversal a todas esas cuestiones, y por eso debemos apoyar a las mujeres de todo el país que se levantan para defender sus propios cuerpos de  la agresión política. Sin embargo, por muy transversal que sea la cuestión de la justicia reproductiva, sabemos que poner fin a la protección legal de los derechos reproductivos tendrá, al igual que el cambio climático, efectos desproporcionados en las mujeres negras y latinas. Es más probable que trabajen en la economía de servicios con bajos salarios, con pocas (o ninguna) prestaciones sanitarias y sin permisos familiares pagados para cuidar de los niños pequeños, todo lo cual aumenta el riesgo de depresión posparto, una afección que se diagnostica erróneamente y de la que se informa muy poco entre las mujeres de color. Estas mismas mujeres también tienen más probabilidades de trabajar en sectores que las exponen a productos químicos peligrosos y otras sustancias tóxicas.

La filtración del borrador de la opinión del juez Alito sorprendió a todos, aunque el contenido de dicha opinión no lo hiciera.

Y después de escuchar la avalancha de respuestas de mujeres y activistas de todo el país, hay otras tres cosas que también debemos saber:

En primer lugar, no puede haber justicia climática sin justicia reproductiva.

En segundo lugar, el movimiento feminista—las mujeres de color en concreto—necesita aliados.

Y tercero, ¡nunca debemos volver atrás!

Alex Brandon/AP Images

About the Authors

Khalil Shahyd

Managing Director, Environmental and Equity Strategies; Environment, Equity & Justice Center

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