Estados Unidos debe comprometerse a reducir emisiones al menos a la mitad

El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ha anunciado que “2021 es un año decisivo” para afrontar la emergencia climática global. Después de reincorporarse al Acuerdo de París, la administración de Biden ahora debe estar a la altura de los tiempos históricos y presentar una ambiciosa y alcanzable Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) para 2030, donde se comprometa a una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de por lo menos el 50 por ciento. Esto sentaría las bases para la próxima la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP26). Tal objetivo dará a millones de estadounidenses trabajo cada año, evitará decenas de miles de muertes prematuras, ayudará a prevenir la crisis climática y ayudará a los Estados Unidos a movilizar la acción global.

Los trabajadores llevan módulos de paneles solares durante la construcción de una instalación de Silicon Ranch Corporation en Milligan, Tennessee.

Daniel Acker / Bloomberg a través de Getty Images

NRDC ha publicado un nuevo análisis, “La administración Biden debe comprometerse rápidamente a reducir la contaminación climática al menos en un 50 por ciento en para 2030” que demuestra que por una fracción del PIB de EE. UU., podemos ayudar a prevenir una crisis climática global mediante la construcción de un sistema energético que cree empleos e impulse el crecimiento económico, mejore la salud pública y respalde las prioridades de equidad, y brinde a los estadounidenses y sus comunidades un futuro más seguro. Encontramos que un objetivo mínimo de reducción neta de GEI del 50 por ciento para 2030, por debajo de los niveles de 2005, es viable, tecnológicamente factible y asequible. Nuestro estudio se suma a otros estudios recientes que llegan a la misma conclusión.

Este objetivo de reducción también está notablemente alineado con elementos que mejoran la vida de los estadounidenses y con las prioridades de “Reconstruir mejor”  de la administración de Biden. De hecho, encontramos que hasta un 53 por ciento de reducciones netas de GEI costarían solo un 0.4 por ciento del PIB en 2030 y generarían hasta USD$ 50 mil millones en beneficios netos para el medio ambiente y la salud pública. También crearía millones de empleos para los estadounidenses para 2030, según lo estimado por estudios recientes, un muy necesario impulso económico en una recesión pos-pandémica. También, una NDC ambiciosa de EE. UU. resonaría en todo el mundo incentivando a otros países a tomar compromisos más fuertes antes de la COP26, lo que ayudaría a corregir la alarmantemente inadecuada acción global tomada hasta ahora.

Algunas ideas clave del informe se resumen a continuación.

La NDC de EE. UU. debe ser de una reducción neta de GEI de al menos el 50 por ciento, una meta tecnológicamente factible, viable y económica

Trabajamos con Evolved Energy Research para modelar varias vías de descarbonización profunda para los EE. UU. y descubrimos que un objetivo de reducción neta de GEI del 53 por ciento para 2030, por debajo de los niveles de 2005, es alcanzable y produciría beneficios netos para los estadounidenses. Este nivel de reducción costaría solo USD$ 100 mil millones en 2030 y generaría USD$ 150 mil millones en beneficios para la salud pública y el medio ambiente. Esto se debe a la reducción de las emisiones de carbono en toda la economía y de la contaminación del aire que daña la salud proveniente de plantas de energía.  La viabilidad de este objetivo es debido en gran parte a los avances en las tecnologías limpias y el liderazgo notable de los actores subnacionales que se multiplicaron a la luz de la inacción de la administración de Trump, sentando las bases para una ambición federal renovada y fuerte.

La meta del 53 por ciento se puede lograr basándose en pilares de descarbonización conocidos y asumiendo niveles de ambición razonables y demostrados. Las siguientes medidas representan un camino entre los muchos trazados en estudios recientes que tienen el mismo objetivo para 2030 (encuentra más aquí, aquí y aquí). Esto recalca la viabilidad de un objetivo del 50 por ciento o aún más.

  • Electricidad con cero emisiones de carbono: la proporción de suministro eléctrico sin emisión de carbono casi se duplica en comparación con la actualidad hasta lograr alrededor del 80 por ciento para 2030, con casi todas las emisiones de las plantas de carbón eliminadas. El sector de la energía es el eje de la descarbonización en esta década y el mecanismo para limpiar otros sectores mientras electrificamos nuestros vehículos, edificios e industrias (ver figura abajo). Esto resalta la necesidad vital de políticas federales audaces para acelerar la transición del sector hacia la energía limpia.
  • Eficiencia energética: al reducir la demanda de energía, la eficiencia sigue siendo una herramienta de descarbonización altamente rentable para reducir la magnitud de la inversión necesaria durante la próxima década y más allá. Para 2030, entre otras medidas, los electrodomésticos viejos se reemplazarán con la mejor tecnología comercial y eficiente disponible y más de 14 millones de hogares en los EE. UU. estarán climatizados.
  • Electrificación: los notables avances en vehículos eléctricos y bombas de calor de alta eficiencia, junto con audaces compromisos corporativos y políticas estatales, son la base de una ambiciosa acción federal. Para 2030, más del 50 por ciento de los vehículos vendidos, en todas las categorías, son vehículos de cero emisiones y casi el 100 por ciento de los equipos de calefacción de edificios vendidos son eléctricos.
  • También suponemos reducciones en las emisiones que no son de CO2 e inversiones para preservar y mejorar los sumideros de carbono de la tierra a través de la reforestación, la forestación y la mejora de la gestión del suelo agrícola.

Comprometerse con un objetivo ambicioso para 2030 también es fundamental para posicionar a los EE. UU. en un camino costo efectivo hacia las emisiones netas cero para 2050. De lo contrario, durante esta década se agregaría una gran cantidad de nueva infraestructura que depende de los fósiles y que es de larga vida, como tuberías y plantas industriales. Semejante infraestructura sería costosa de reemplazar o descarbonizar a medida que nos acercamos al 2050.

 

Reducir las emisiones de GEI al menos a la mitad en esta década requiere una política y un compromiso social sin precedentes

La energía limpia se ha vuelto lo suficientemente económica y confiable como para apuntar alto en esta década. Pero el ritmo de transformación necesario para alcanzar el objetivo del 50 por ciento o más necesitará un enfoque integral sin precedentes de todo el gobierno. Afortunadamente, el gobierno federal tiene una serie de herramientas probadas a su disposición, que incluyen tanto regulaciones y estándares como incentivos para catalizar la transición que ya está en marcha en algún nivel en muchos estados, ciudades y empresas. Si bien la administración de Biden puede lograr una fuerte ambición con su autoridad existente, el Congreso podría otorgar un importante apoyo legislativo para movilizar un nivel de capital considerable hacia la energía limpia, cambiar rápidamente las preferencias de los consumidores hacia tecnologías limpias, y crear el ímpetu necesario para acelerar el progreso decisivo necesario.  Es importante destacar que todas las políticas pueden y deben diseñarse de manera que todos los estadounidenses compartan de manera equitativa los beneficios de la transición del sistema energético (consulte el blog de mi colega para profundizar en las hojas de ruta de las políticas).

Un NDC para 2030 audaz está notablemente alineado con las prioridades de “Reconstruir Mejor” de la administración de Biden

Una transición comprometida hacia una economía limpia conferiría un impulso económico muy necesario en la recesión inducida por la pandemia al crear trabajos para millones de estadounidenses cada año (aquí y aquí). Esto se debe a los nuevos empleos creados por el aumento de actividad en la construcción de infraestructura limpia, como plantas eólicas y solares y líneas de transmisión eléctrica, que compensan en gran medida la pérdida de puestos de trabajo en la industria de los combustibles fósiles. Una NDC audaz también mejoraría significativamente la salud pública, evitando decenas de miles de muertes prematuras por la polución dañina para la salud que caracteriza nuestra economía actual que depende de los combustibles fósiles. Garantizar el acceso a nuevas oportunidades de empleo para las comunidades más afectadas por la transición y priorizar la reducción de la contaminación climática y sanitaria en las comunidades sobrecargadas, también podría reforzar los objetivos de equidad de la administración.

No podemos permitirnos más el lujo de tambalearnos ante la crisis climática. El cambio climático ya afecta a millones de estadounidenses, desde el empeoramiento del asma y la salud pública, hasta eventos climáticos extremos destructivos y lamentablemente costosos. Afortunadamente, la administración de Biden tiene todas las herramientas para adoptar una NDC audaz y unirse a las filas de líderes como la Unión Europea y el Reino Unido. Una NDC ambiciosa que compromete una reducción de las emisiones GEI de EE.UU. de al menos un 50 por ciento para el 2030, no solo es fundamental para evitar una catástrofe climática, sino que también ofrece una valiosa oportunidad para lograr que la economía estadounidense salga de la recesión. Asimismo, posicionaría al país como líder en la creciente y duradera economía global de energía limpia.

No se debe desperdiciar la oportunidad.

About the Authors

Rachel Fakhry

Policy Analyst, Climate & Clean Energy Program

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