Para Avanzar en Nuestra Misión, No Podemos Ignorar el Racismo

Combatir la injusticia racial no es algo distinto de defender el clima y el medio ambiente, sino que es un componente fundamental de lo que hacemos todos los días.

Cientos de edificios en áreas de Queens, Nueva York, fueron destruidos durante el huracán Sandy, dejando a los residentes luchando por las necesidades básicas.

Brendan McDermid/Reuters

En este Mes de la Historia Negra, aprovecho este momento crítico para reconocer un hecho innegable: para tener un progreso muy necesario en el medio ambiente y el clima, es absolutamente necesario luchar por la justicia racial y la igualdad.

En el NRDC (Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales), estamos a la búsqueda de aire limpio y agua limpia, de un ambiente saludable y de un futuro habitable para todos. Según esta definición, es fundamental reconocer que nuestra meta está necesariamente entrelazada con las luchas de aquellos que históricamente han sido subrepresentados, discriminados y oprimidos. En las palabras memorables del líder de los derechos civiles Martin Luther King, Jr., “La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes”.

Esta injusticia está siempre presente en las comunidades de color. El gran problema del cambio climático, que es característicamente un problema de desigualdad, ya lo experimentan desproporcionadamente las personas de color, especialmente los afroamericanos. Desde las fuertes tormentas que son cada vez más largas y más intensas, como los huracanes Sandy y Harvey, hasta el calor extremo que empeorará el efecto de la isla de calor urbano y causa muertes entre las personas de más bajos recursos, estos efectos del cambio climático ya se pueden sentir pues afectan fuertemente a las personas de color.

Aunque el problema del cambio climático es grande, no es el único problema. Los problemas ambientales han afectado a las comunidades de color a lo largo de nuestra historia. Todos conocemos la historia de Flint, Michigan, cuyos residentes tuvieron que soportar la indignidad y el daño a sus hijos y a su salud debido al agua contaminada con plomo, todo esto ocasionado por una decisión parcial y racista, y a pesar del acuerdo extrajudicial, el problema está lejos de terminar. También está Newark, Nueva Jersey, otra ciudad que se enfrenta a una importante crisis de agua potable cuya mayoría son personas de color de bajos ingresos, y en partes de Los Ángeles, donde las comunidades predominantemente negras y latinas están ubicadas cerca de los puertos de contenedores más concurridos de los Estados Unidos y viven con la niebla tóxica que conduce a tasas más altas de asma y mayor riesgo de cáncer. Hay innumerables injusticias que quedan sepultadas en la implacable rotación de los noticieros de hoy.

Miembros de la comunidad reciben filtros de agua en Paradise Baptist Church en Newark, Nueva Jersey

Bryan Anselm para NRDC

Nada de esto es aceptable. Por lo que en NRDC trabajamos directamente con las comunidades, los líderes y las organizaciones locales para buscar justicia en nombre de las personas que son afectadas por estas terribles desigualdades.

El NRDC no llegó a este punto sin un autoexamen honesto. Algunos de los trabajos más significativos que he visto en esta organización son nuestros esfuerzos continuos en Flint y Newark y con otras comunidades directamente afectadas por químicos tóxicos, estoy profundamente agradecida con las comunidades que nos permitieron trabajar junto a ellos y representarlos en la corte u otros espacios públicos. He visto señales de progreso en nuestros esfuerzos cotidianos (más conciencia, más preguntas difíciles y conversaciones sobre prejuicios y raza) que no hubieran sido posibles hace unos pocos años.

Pero este trabajo nunca termina, y aún tenemos mucho por hacer. He pasado toda mi carrera pensando en la injusticia ambiental, y sé que el progreso que hemos visto no es suficiente, no cuando las personas en el poder rechazan de plano la oportunidad de comprender realmente las duras lecciones raciales y de poder en este país, como hemos visto muy recientemente. Por tanto, una mayor inclusión y representación solo pueden hacer que el movimiento ambiental sea más fuerte, mejor y más igualitario.

El movimiento ambiental debe sus inicios al movimiento de los derechos civiles, y es hora de que nos reunamos de nuevo. Necesitamos avanzar de una manera que se reconozca que el cambio real no sucederá a menos que podamos unirnos, y para unirnos verdaderamente, debemos apoyar a aquellos que luchan y están injustamente marginados, debemos usar nuestro privilegio para traer más y diferentes voces a la mesa y luchar por lo que es correcto para todos. Nada menos que eso será fiel a nuestra misión.

About the Authors

Rhea Suh

President

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