La decisión antiborto, Dobbs, es peligrosa, especialmente en la era del cambio climático

En una época en la que continuamente experimentamos impactos climáticos más intensos y perturbadores, las consecuencias de esta decisión de la Corte Suprema serán aún más dañinas y mortales, y las personas de raza negra y de bajos ingresos serán las que llevan la peor parte.

Dos mujeres de Texas hablan entre ellas sobre su viaje a Oklahoma mientras esperan en la sala de recuperación de la clínica Trust Women en Oklahoma City en diciembre de 2021.

Evelyn Hockstein/Reuters

La reciente decisión de la Corte Suprema en el caso Dobbs v. Jackson Women's Health Organization, que anula el caso Roe v. Wade y el caso Planned Parenthood v. Casey, es sin duda peligrosa y mortal. Como defensores de la salud y el medio ambiente, apenas estamos empezando a ver las consecuencias de Dobbs para las mujeres y las personas que pueden dar a luz en busca de atención reproductiva en un sistema de salud ya injusto. Estas barreras llegan en un momento en el que estamos viendo los efectos más intensos del cambio climático; por ejemplo, cuando la Corte Suprema publicó la opinión que revocaba a  Roe, casi la mitad de la nación se encontraba en medio de una ola de calor sin precedentes. Pero las cargas de estas dos peligrosas realidades no se reparten por igual entre todos; las cargas más pesadas tanto del cambio climático como de la decisión de Dobbs recaerán sobre las personas de color y las de bajos ingresos. Esta decisión crea más desigualdad estructural en un momento en el que necesitamos desmantelarla y construir un futuro justo, saludable y sostenible para todos.

Un prendedor que da la bienvenida a las mujeres de Texas decora un espacio de trabajo en la clínica Trust Women de Oklahoma City el pasado diciembre. El gobernador de Oklahoma, Kevin Stitt, firmó el 25 de mayo de 2022 un proyecto de ley que prohíbe casi todos los abortos, a partir del momento de la fecundación. Oklahoma es uno de los 13 estados que contaban con leyes de “activación” que entraron en vigor inmediatamente después de la derogación de Roe v. Wade.
Evelyn Hockstein/Reuters

La falta de atención reproductiva segura perjudica la salud, y el cambio climático agrava los riesgos

Incluso antes de Dobbs, los cimientos de nuestro sistema de salud reproductiva eran, en el mejor de los casos, precarios, y se basan en antiguas disparidades raciales en materia de salud. Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo un lugar peligroso para estar embarazada y dar a luz, especialmente para los grupos BIPOC. Muchos de los estados con las restricciones más estrictas al aborto tienen algunas de las tasas de mortalidad infantil y materna más altas del país y algunas de las peores disparidades raciales en la mortalidad materna. Durante la pandemia, las disparidades raciales aumentaron: la mortalidad materna de los negros aumentó un 44 por ciento de 2019 a 2020 al igual que los latinos que también experimentaron un aumento del 26 por ciento en esta misma área. Se prevé que la reducción del acceso al aborto empeore aún más las cosas.

A esto se suman las cargas ambientales—contaminación del aire, agua potable insegura y empeoramiento de los efectos climáticos—que recaen desproporcionadamente sobre las mujeres y las personas que pueden dar a luz en cualquier momento de su vida reproductiva. Por ejemplo, los factores ambientales pueden desempeñar un papel en afecciones como la endometriosis y otras que provocan problemas de fertilidad. Además, la exposición a la contaminación y al calor extremo puede tener efectos negativos en los embarazos.

No es de extrañar que el cambio climático empeore todo. Los huracanes, los incendios forestales y las inundaciones están aumentando debido al cambio climático, y estos desastres tienden a dificultar el acceso de las personas afectadas a la atención sanitaria de todo tipo, incluido el aborto donde todavía esté disponible. Con serios esfuerzos para poner en marcha las restricciones al aborto en aproximadamente la mitad de los estados, muchas personas tendrán que viajar a través de las fronteras estatales para acceder a este servicio; California, por ejemplo, podría ver hasta 1,3 millones de personas de otros estados buscando abortos anualmente. En la costa este, algunos proyectan que, para más de 11 millones de mujeres, Carolina del Norte será el estado más cercano con proveedores de abortos tras la anulación de Roe. Ese estado—que requiere dos visitas (con 72 horas de diferencia) para conseguir un aborto—se ha visto profundamente afectado por el aumento de los huracanes y las consiguientes inundaciones en el interior.

El cambio climático también pone presión sobre  la capacidad de las clínicas de aborto, que luchan por satisfacer la demanda incluso en tiempos normales, para atender una mayor afluencia de pacientes. Los servicios de aborto son especialmente vulnerables, ya que las clínicas tienen necesidades de seguridad únicas que a menudo les impiden reubicarse temporalmente. Además, la evidencia muestra que los desastres como las tormentas extremadamente intensas y los huracanes, aumentan la probabilidad de que se produzcan partos prematuros, y, al desaparecer las protecciones de Roe, las personas que dan a luz se enfrentan a un mayor riesgo de investigaciones penales intrusivas o incluso de enjuiciamientos cuando tienen partos poco saludables, partos de niños muertos o abortos espontáneos. El cambio climático aumenta la incidencia de la violencia sexual y de género que podría dar lugar a la necesidad de abortar, como la historia sobre una mujer que fue violada en un refugio contra huracanes.

La necesidad de servicios de aborto ya está muy extendida. Alrededor del 25 por ciento de las mujeres estadounidenses abortan antes de cumplir los 45 años, y la mayoría de las pacientes que abortan ya son madres. En las muchas décadas posteriores a Roe, se produjo un descenso constante del aborto. Pero a raíz de la interrupción de la atención médica y la reducción del acceso a los servicios de planificación familiar de bajo costo entre 2017 y 2020, hubo un aumento del 8 por ciento en los abortos. Dado que el 75 por ciento de las personas que obtienen abortos están en o por debajo del 200 por ciento de la línea de pobreza federal, se enfrentan a importantes barreras para el acceso, como la búsqueda de cuidado de niños, la cobertura de los costos y, ahora, la ausencia del trabajo y el pago de los gastos de viaje. Como escribe mi colega Khalil Shahyd, “la limitación del acceso a los servicios de salud reproductiva afecta de manera desproporcionada a las comunidades negras, latinas y de bajos ingresos en todo Estados Unidos. Esas desigualdades tienen efectos negativos en muchas otras áreas, lo que perpetúa las desigualdades de género y raciales”.

Una activista por el derecho al aborto frente a la Corte Suprema en Washington, D.C., el 24 de junio de 2022.

Jacquelyn Martin/Reuters

Esta sentencia es una decisión racialmente injusta

Perder el acceso al aborto tiene graves consecuencias negativas para la salud, especialmente en lo que respecta a las diferencias de color. Esto está bien documentado. Por ejemplo, que se te niegue un aborto es perjudicial para la salud mental, y el parto forzado es perjudicial para la persona que tiene que dar a luz. Además, en ciertos casos, los abortos también pueden salvar vidas.

Las prohibiciones del aborto no tienen en cuenta adecuadamente la necesidad médica del mismo, ni lo impiden. Por el contrario, aumentan los intentos de abortos autogestionados, incluidos los peligrosos, especialmente para las mujeres de color. Un estudio predice que la prohibición del aborto en Estados Unidos aumentaría las muertes relacionadas con el embarazo en un 21 por ciento, y aumentaría las muertes relacionadas con el embarazo de las mujeres negras (que ya son desproporcionadamente altas) en más de un 30 por ciento. Esto es sencillamente inaceptable.

Nuestro compromiso con la justicia racial requiere que hagamos preguntas sobre el legado de la segregación y las políticas racistas que aún se reflejan en nuestro entorno construido y en nuestras infraestructuras. Este compromiso y nuestro análisis de Dobbs nos obligan a preguntarnos sobre el racismo en la base de nuestra infraestructura de atención a la salud reproductiva, algo que la mayoría de 6 a 3 omitió deliberadamente en este fallo. Profundizando en la opinión, los jueces afirman que nunca hubo un derecho al aborto reconocido a nivel nacional, pero ignoran que el aborto era común durante la era anterior a la Guerra Civil, una época en la que las mujeres, tanto blancas como negras, eran las principales proveedoras de servicios de salud reproductiva. Durante la Reconstrucción y la era de Jim Crow—el mismo periodo que vio la anulación de derechos y la erosión sistemática de la riqueza de los negros en todo el país—el movimiento antiaborto echó raíces. Algunos de los grupos de médicos que participaban en el movimiento antiaborto se preocupaban seriamente por los resultados y la protección de las pacientes, pero muchos de ellos utilizaban abiertamente el recién creado movimiento en favor de la vida, Provida, de forma transparente e intencionada para expulsar a las mujeres y a las personas de color de la clase profesional y del negocio de la atención a las mujeres mediante la prestación de servicios de partería.

Esta decisión judicial podría ser el preludio de muchos otros cambios, incluidos los que ponen en peligro el control de la natalidad y otras medidas de libertad reproductiva como la FIV. No hace falta ser abogado ni entender términos como el debido proceso sustantivo o el stare decisis para ver estos riesgos de la anulación de Roe, o la misoginia, la fobia hacia la comunidad LGTB o el racismo que subyacen a la próxima ola de leyes estatales que restringen el acceso al aborto.

Para construir el mundo justo, sostenible y seguro que quiero para mis hijos y las generaciones futuras, debemos hacerlo mejor

Como persona que observa todas las interconexiones entre el clima, la salud y la justicia racial, todavía mantengo la esperanza de que nuestros hijos puedan habitar un mundo mejor, uno en el que el clima se estabilice y el derecho a la libertad reproductiva esté protegido, sin importar el color de tu piel o cuánto dinero ganas. Como madre que ha dado a luz a dos hijos maravillosos, planificados y muy deseados, creo firmemente que cada persona debe poder tomar la decisión de llevar un bebé a término, en sus propios términos y por sus propias razones, sean las que sean.

Aquí, en el NRDC, trabajamos para garantizar un medio ambiente sano, sostenible y justo para todos, y nos solidarizamos con todos los que están perdiendo el acceso al aborto, un servicio sanitario fundamental. La respuesta a los singulares desafíos de este tiempo no es retroceder el reloj.

About the Authors

Valerie Baron

National Policy Director (Interim) & Senior Attorney, Healthy People & Thriving Communities Program

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