Transporte público sustentable en América Latina

Latinoamérica es la región más urbanizada del mundo, con el 80 por ciento de sus habitantes viviendo actualmente en ciudades. Expertos pronostican que este porcentaje incrementará al 90 por ciento para el año 2050. Adicionalmente, la flota de automóviles de la región tiene la tasa de crecimiento más rápida del mundo: la cantidad de vehículos se triplicará en los próximos 25 años, llegando a más de 200 millones para el 2050. Lamentablemente, muchos de los países y las ciudades de Latinoamérica todavía no tienen estándares para mejorar la calidad de combustibles, las emisiones de vehículos, ni la eficiencia de vehículos. El sector de transporte es responsable por más de un tercio de las emisiones de dióxido de carbono en la región.

¿Qué significa esto? En conjunto, que en los próximos años más personas van a manejar más vehículos en áreas aún más congestionadas, produciendo más contaminación atmosférica, causando más problemas de salud y emitiendo más gases de efecto invernadero (GEI).

congestión en las calles de Santiago, Chile

Amanda Maxwell

Contaminación atmosférica en Lima, Perú

Carlos Andrés Gamero Esparza (leondeurgel) via Flickr

Pero el futuro no tiene que ser así. Y, de hecho, ya hay señales muy positivas que indican lo contrario.

Latinoamérica es una región de innovación, donde ya hemos visto liderazgo y proyectos pilotos exitosos para abordar los problemas de sistemas de transporte sucios. Los alcaldes de Buenos Aires, la Ciudad de México, Rio de Janeiro, y Santiago de Chile están entre los 50 alcaldes del mundo que se han comprometido a llegar a cero emisiones de GEI para el año 2050. Medellín, la Ciudad de México, Quito y Santiago firmaron un compromiso para procurar solamente buses de cero emisiones empezando en el año 2025. Costa Rica y Chile ya anunciaron planes nacionales de descarbonización que destacan el rol preponderante de la transportación. Además, muchos de los países en la región —incluyendo Costa Rica, Chile, Colombia, México y otros— ya han adoptado diferentes políticas publicas para impulsar la transición hacia el transporte eléctrico.

Una solución fundamental que podría aliviar la congestión, contaminación, y los impactos ambientales y de salud asociados con los automóviles es el transporte público. Cuando digo “solución”, quiero enfatizar que hablo tanto de uso del transporte público como la sostenibilidad de estos sistemas.

Los latinoamericanos ya dependen del transporte público para sus necesidades cotidianas. De la población total en la región de 570 millones, 200 millones (o el 35 por ciento) usan transporte público diariamente. La poblacion de la región usa más buses públicos que en cualquier otra parte del mundo. Según una investigación fidedigna, en Bogotá, Medellín, Lima y Quito, las personas dependen del transporte público para más de la mitad de todos los viaje durante un día típico. En la Ciudad de México y la Ciudad de Panamá, más del 70 por ciento de los viajes cotidianos son por transporte público. En comparación, los autores del estudio destacan que, en ciudades estadounidenses como Los Ángeles y Miami, estas cifras se reducen a solamente cinco y tres por ciento, respectivamente.

Bus de Transmilenio en Bogotá, Colombia

Felipe Restrepo Acosta, Wikimedia Commons

Pero, cuando uno enfrenta las proyecciones de crecimiento del sector vehicular en América Latina, es obvio que los líderes de las ciudades tienen que hacer más y atraer aún mayores porcentajes de personas al uso de sistemas públicos para mobilizarse. Para reducir y eventualmente eliminar los efectos negativos de la transportación sucia, esas mismas ciudades también se beneficiarían de otras herramientas de planificación urbana, por ejemplo, más vías para bicicletas y la construcción de barrios con mayores opciones para los transeúntes.

Adémas, sistemas de transporte público limpios —impulsados por electricidad en vez de combustibles fósiles— van a atraer a más personas. Los países podrían aprovechar de sus abundantes recursos naturales para la energía renovable requerida para impulsar sus sistemas de transporte público. Estas soluciones no son ciencia ficción. De hecho, ejemplos ya existen en la región. El 60 por ciento del metro de Chile operó con energía proveniente de generadores solares y eólicos en el 2018.

En varias ciudades ya operan buses eléctricos, como por ejemplo Medellín y Cali en Colombia, Santiago de Chile, San José de Costa Rica, Guayaquil en Ecuador, y Buenos Aires de Argentina. Aunque la mayoría de estos buses son de marca china (o italiana en el caso argentino), también hay soluciones innovadoras y locales que podrían también contribuir al mejoramiento del transporte público. Aquí pueden ver un video de mayo 2019 cuando visité la empresa chilena, Reborn Electric, que está convirtiendo buses antiguos y contaminantes a buses limpios y eléctricos.

Los sistemas de transporte público limpios y sustentables son una solución clave para reducir los impactos tóxicos del transporte sucio que ya afectan la salud pública, el medio ambiente y el clima. Latinoamérica ya ha demostrado que existe una abundancia de innovaciones y soluciones. Ahora lo que falta es acelerar la implementación de tecnologías e iniciativas que cementen un futuro limpio, saludable y sustentable para Latinoamérica.

About the Authors

Amanda Maxwell

Director, Latin America Project

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