Cuatro formas de evitar químicos tóxicos en el empaque de alimentos

Independientemente de lo que alegue la industria, el hecho es que el BPA es tóxico. Veena Singla, científica para el NRDC quiere sacarlo del mercado, junto con demás productos igualmente tóxicos desarrollados como alternativas al BPA.
Kang Kim/Offset

Para empezar, expliquemos lo que es el BPA y dónde se encuentra.

El BPA, o bisfenol A, es un compuesto artificial creado para uso industrial. Es uno de los ingredientes del plástico policarbonato (núm. 7), el cual se emplea en la fabricación de una gran variedad de productos, desde botellas de agua y jugo hasta contenedores de comida, discos compactos, discos DVD y lentes de espejuelos, entre otros. Se utiliza además para sellar el interior de latas de comida y refrescos, a fin de evitar la corrosión del metal al reaccionar con el contenido. El bisfenol A sirve también como agente “revelador” en el papel térmico, un papel utilizado principalmente para recibos, que en lugar de ser impresos con tinta, se imprimen mediante la aplicación de calor tras ser recubiertos en químicos que reaccionan y cambian de color.

O sea que el BPA está en todo. ¿Cuán dañino es para la salud?

El BPA es un interruptor endocrino. Los interruptores endocrinos son compuestos químicos que no ocurren de manera natural en el cuerpo, pero pueden imitar o interrumpir el funcionamiento de nuestras propias hormonas. Se ha visto que el BPA imita la hormona femenina estrógeno. Dicho comportamiento interfiere con el proceso de desarrollo normal de bebés y niños, así como con las funciones necesarias para el mantenimiento de un cuerpo adulto.

En laboratorios, pruebas realizadas con animales de temprana edad han mostrado que el BPA ocasiona anomalías en el desarrollo cerebral, anomalías reproductivas y obesidad, entre otras condiciones. Existe evidencia contundente de que el BPA es tóxico para los ovarios y el útero.

En mayo del 2015, tras exhortación por parte de defensores de la salud pública, incluyendo el NRDC, el estado de California tomó la decisión de añadir el BPA a la lista de compuestos químicos perjudiciales para la salud reproductiva femenina. ¡Tremenda victoria a favor de la ciencia! ¿Qué podemos esperar?

Es posible que se requieran etiquetas de advertencia en productos que contengan BPA, lo cual permitiría a consumidores tomar decisiones informadas. Y probablemente veamos menos BPA en el mercado de aquí en adelante: cuando California declara un producto como tóxico, las compañías nacionales con venta en California suelen retirar el producto del mercado nacional para evitar dos cadenas de manufactura. Como precedente, hubo un producto ignífugo bastante común en muebles que desapareció del mercado poco a poco luego de que California lo declarara tóxico.

El NRDC ayudó hace un tiempo a eliminar el uso de BPA en productos para bebés, tales como biberones y vasitos con pico. Pero ahora hay un producto alternativo que se llama BPS. ¿Es igual de dañino? ¿Para qué se usa?

El bisfenol S (BPS) y el bisfenol F (BPF) son compuestos muy parecidos al BPA y se utilizan bastante como sustituto. Hasta el momento, no ha habido suficientes estudios realizados, pero los pocos datos que existen apuntan a que tanto el BPS en los recibos de compra como el BPF en los empaques de alimentos (como en las latas) son tan tóxicos como el BPA.

Los químicos tóxicos son como la hierba mala, que nunca muere: se presenta evidencia de que algo es extremadamente nocivo, organizaciones como el NRDC se encargan de que desaparezcan poco a poco del mercado, pero para cuando nos hemos deshecho de un compuesto, ya han desarrollado sustitutos que son igual de dañinos. ¿Hay alguna solución a largo plazo?

El problema fundamental es el proceso fallido e inadecuado con que se examinan dichos compuestos antes de ser lanzados al mercado. El NRDC se ha enfocado en tratar de pasar reformas a la Ley para el Control de Sustancias Tóxicas (TSCA, por sus siglas en inglés) para que la industria química tenga que demostrar que una sustancia es inocua antes de que se introduzca la misma en productos cotidianos. Una reforma como debe ser redundaría en la eliminación por etapas de químicos tóxicos y en la garantía de que los que los remplacen sean más seguros. El estado de California ha llevado la voz cantante en este ámbito a nivel estatal, mediante su Iniciativa para la Química Ecológica (Green Chemistry Initiative) para productos del consumidor, lanzada en el 2013, la cual exige más información por parte de los fabricantes para asegurar que los químicos sean inocuos, además de solicitar que los mismos ofrezcan alternativas. La idea es propulsar la innovación en el diseño y la promoción de mejores compuestos para sustituir los tóxicos que se emplean hoy en día.

Para el consumidor que quiere estar informado, todo este asunto puede ser bastante abrumador. Hay que tener cuidado hasta con el polvo. ¿Cómo podemos evitar estos productos tóxicos sin volvernos locos?

La realidad es que no hay manera de sencillamente comprar o patrocinar productos que no sean parte del problema, y sería injusto, aún pudiendo, pretender poner toda la responsabilidad en manos del consumidor. Es este caso, el cambio tiene que ocurrir a nivel legislativo. El público en general no debería de tener que preocuparse por la seguridad de los productos en el mercado. Aun así, hay unas cuantas pautas generales:

  1. Comprar conservas en frascos de cristal en vez de latas, para evitar entrar en contacto con BPA. Hoy en día hay muchos productos líquidos, como los caldos, que vienen en cajas libres de BPA.
  2. En vez de usar botellas de agua plásticas reusables, optar por botellas de acero inoxidable o vidrio.
  3. Optar por no aceptar recibos de papel – actualmente muchas tiendas ofrecen la opción de enviar un recibo electrónico.
  4. Lavarse las manos con frecuencia y siempre antes de comer evita contaminación e ingestión de químicos en el polvo o residuos luego de tocar los químicos en recibos de papel. Hacer lo mismo con los niños: lavarles las manos frecuentemente y siempre antes de comer.
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