Diez maneras de reducir la contaminación plástica

Todos podemos ayudar a evitar que la vida marina consuma y nade en basura.

Echados en la arena en la playa, disfrutando del murmullo de las olas, a nadie le gusta pensar en la sopa de basura en que se ha convertido el océano. Es un bajón increíble, pero es la realidad: hay millones de toneladas de escombros flotando en el agua y la gran mayoría es plástico.

Rich Carey/Shutterstock

La constante descarga de plástico al océano (el equivalente a unos 136 mil millones de potes de leche al año, según un estudio publicado por la revista Science) representa una amenaza seria a la vida marina. Los animales se enredan en los desechos o ingieren el plástico, ya sea creyendo que es otro a animal o involuntariamente, según el plástico se va descomponiendo en micropartículas en el agua.

Claro está, es plástico representa un problema único por no ser biodegradable, lo cual significa que permanece en el ambiente muchísimo más tiempo que otros tipos de basura – unos 1,000 años más. Y el problema no es que la gente eche basura al mar. El 80 por ciento de la basura marina es inicialmente basura desechada en tierra firme, que luego se la lleva la marea de las costas o acaba arrastrada con la escorrentía hasta los ríos desde las calles.

Así que, para evitar la contaminación de nuestros recursos de agua, lo mejor es evitar echar plásticos a la basura. Y afortunadamente, hay muchos detallitos que pueden tener un gran impacto en el asunto.

1. Poco a poco dejar de utilizar utensilios plásticos desechables.

El noventa por ciento de los artículos plásticos que utilizamos a diario se utilizan una única vez y se descartan: bolsas de la compra, papel plástico adherente, cubiertos plásticos, sorbetos, las tapas pare el café que pedimos para llevar, etc. Es mejor llevar la cuenta de dichos productos y reemplazarlos con opciones reusables. Crear un hábito es cuestión de llevar una bolsa propia al colmado par de veces, traer cubiertos a la oficina un par de veces o llevar una termo propio a Starbucks un par de veces. Luego ya será de lo más normal.

2. Dejar de comprar agua embotellada.

Cada año se echan a la basura unos 20 mil millones de botellas de agua. Se recomienda llevar consigo en todo momento una botella reusable, para evitar tener que recurrir a Poland Spring o Evian nunca más. De tener alguna preocupación con respecto a la calidad del agua potable local, buscar una botella con filtro incluido.

3. Boicotear las minicanicas plásticas.

Las minicanicas exfoliantes que se encuentran en un sinnúmero de productos cosméticos –exfoliantes para el cutis facial, pasta de dientes, exfoliantes para el cuerpo– parecen ser inocuas, pero son lo suficientemente pequeñas para colarse por el sistema de tratamiento de aguas. Y desafortunadamente, a muchos animales marinos les parecen comida. Así que mejor optar por productos con exfoliantes naturales, como los son la avena o la sal.

4. Cocinar más.

Cocinar no solamente es la opción más saludable, también es la mejor opción para el ambiente, evitando contenedores para llevar. Y cuando sí haya que pedir comida de afuera o salir a un restaurante, el que quiera ser un apasionado serio, que traiga sus propios cubiertos o envases para llevar las sobras.

5. Comprar artículos de segunda mano.

Los juguetes y aparatos electrónicos nuevos, específicamente, vienen con todo tipo de plásticos, desde esos paquetes transparentes imposibles de abrir hasta las cintitas de sujetar a fuerza de torcer. Es mejor rebuscar entre las estanterías de tiendas de segunda mano, ventas de marquesina o en las publicaciones por internet y encontrar artículos usados en perfectas condiciones. También es una buena manera de ahorrarse un dinerito.

6. Reciclar (obvio).

Parece obvio, pero la humanidad no ha hecho un buen trabajo al respecto. Por ejemplo: de los empaques plásticos, menos del 14 por ciento son reciclados. ¿Acaso será que la gente tiene dudas sobre lo que se puede y no se puede reciclar? Pues sólo hay que revisar el número en la parte inferior del contenedor. La mayoría de las botellas de bebidas y limpiadores líquidos son #1 (PET), lo cual significa que se aceptan en la mayoría de los puntos de reciclaje en la calle. Aquellos contenedores marcados como #2 (HDPE; típicamente botellas más gruesas o resistentes, las de la leche, jugo y detergente de lavar ropa) y #5 (PP; cubiertos plásticos, contenedores de yogur y mantequilla, botellas de kétchup) también son reciclables en ciertas zonas. Para buscar las reglas específicas de una zona, echar un vistazo al directorio de reciclaje de Earth911.org.

7. Apoyar la prohibición de bolsas plásticas o la implementación de tarifas.

Urgir a representantes a seguir los pasos de San Francisco, Chicago y las más de 150 ciudades y condados que ya han propuesto o apoyado proyectos de ley para disuadir el uso de bolsas plásticas.

8. Comprar al por mayor.

Hay que considerar la proporción de producto a empaque por ración, desde los contenedores individuales de yogur, los productos cosméticos y de baño para viajantes, las bolsitas de nueces, por ejemplo. Mejor optar por comprar paquetes más grandes en vez de comprar envases pequeños uno detrás de otro.

9. Traer su propia bolsa para ropa a la tintorería.

Se recomienda invertir en una bolsa de tela con cremallera y pedir que la ropa limpia sea devuelta en ella, en vez de envuelta en plástico. (Y de paso, asegurarse que la tintorería elegida no use tetracloroetileno, conocido en inglés como “perc”, un compuesto químico tóxico comúnmente utilizado en solventes para la limpieza.)

10. Poner presión a fabricantes.

Si bien es cierto que cada ciudadano puede marcar la diferencia creando nuevos hábitos, no se puede negar la huella gigante que dejan las corporaciones. Debemos estar pendientes de las prácticas de empaque y envoltura de las compañías y alzar la voz cuando creamos que algo se puede hacer de mejor manera. Escribir cartas, enviar un tuit o incluso, recurrir al poder del dólar: apoyar a competidores que funcionen de manera más sustentable.

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