La verdad sobre el agua potable

Mucha gente cree que tomar agua embotellada es mejor para la salud. ¿Pero lo es de verdad?

Hay pocos asuntos que atormentan más a ambientalistas concienzudos sobre la salud que la primera cosa que les preguntan en un restaurante: ¿agua de botella o del grifo?

Kirstin Mckee/Stocksy

Todos sabemos cuál es mejor para el medio ambiente. Obvio. No solo hay una epidemia de miles de toneladas de botellas plásticas abarrotando los vertederos; encima se gastan unos 1.63 litros de agua en la producción de cada litro de Dasani – y la compañía lleva sus operaciones a cabo en medio de las sequías de California.

No obstante, la preocupación pública con la calidad del agua potable, junto con tremendas campañas publicitarias (si hablamos claro), han disparado las ventas de agua embotellada durante las pasadas décadas. Los anuncios en la tele y las etiquetas han moldeado la percepción de la ciudadanía con un concepto de pureza pintado por imágenes de glaciares nítidos y manantiales monteses cristalinos. Ya incluso existen barras de lujo para servir agua embotellada superior a las demás. Hay gente que se gasta hasta 10,000 veces más por galón de agua embotellada de lo que se gastan en el consumo de agua potable. ¿Vale la pena para el consumidor o para el ambiente tal “inversión”?

¿Quién controla la calidad del agua y cómo lo hace?

La legislación en torno al agua recae sobre varias agencias con objetivos distintos. La Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA, por sus siglas en inglés) se encarga de supervisar la calidad del agua potable, mientras que la Administración de Alimentos y Fármacos de EE. UU. (FDA, por sus siglas en inglés) se encarga de supervisar la seguridad para consumo y veracidad de etiquetas del agua embotellada que se vende a nivel nacional. Sin embargo, recae sobre los estados individualmente regir el agua embotellada y vendida dentro de sus propias fronteras (que es la mayor parte del mercado de agua embotellada), pero uno de cada cinco estados no se toman la molestia de hacerlo.

También cabe señalar que el gobierno federal no requiere que el agua embotellada sea más segura que el agua potable del grifo. De hecho, muchas veces ocurre justo lo contrario: el agua potable de la mayoría de las grandes ciudades tiene que ser desinfectada, filtrada para quitar patógenos, y luego muestreada para detectar los virus conocidos como Cryptosporidium y Giardia. El agua embotellada, no.

Ambas aguas son sometidas a pruebas rutinarias para la detección de bacterias y la mayoría de los compuestos orgánicos sintéticos que hay, pero el agua potable citadina suele monitorizarse con más frecuencia. Por ejemplo, las fábricas de agua embotellada llevan a cabo pruebas para coliformes una vez a la semana; el agua potable citadina tiene que llevar a cabo dichas pruebas unas 100 veces al mes.

Los límites establecidos para la contaminación química son prácticamente idénticos en ambos sectores. La única posible ventaja para el agua embotellada sería con respecto al plomo; ya que muchas estructuras antiguas aun contienen plomería de plomo y, por ende, los estándares de la EPA son más relajados y comprenden solo un tercio de las normas impuestas al agua embotellada por el FDA.

Pues bien — ¿cuál de las dos es más segura?

En el año 1999, tras un estudio de la industria del agua embotellada y sus estándares de salud que tomó cuatro años en concluir, el NRDC dedujo que no había evidencia alguna para alegar que el agua embotellada fuese más pura o más segura que el agua potable del grifo. De hecho, un 25 por ciento o más del agua embotellada es precisamente agua del grifo dentro de una botella, a veces sometida a tratamiento adicional, a veces no.

En un muestreo de mil botellas de agua, la mayoría dio resultado de relativa limpieza y pureza. Se encontraron químicos por encima de los niveles establecidos por agencias de salud estatales en un mínimo de una botella en alrededor del 22 por ciento de las marcas muestreadas; químicos que consumidos a largo plazo podrían causar cáncer y otros problemas de salud en personas con sistemas inmunes debilitados.

Aunque rara vez, el agua del grifo también puede presentar problemas – especialmente para aquellos que vivan en comunidades rurales, donde la probabilidad de contaminación con pesticidas es mayor, o donde el agua provenga de un pozo privado no regulado, o donde las estructuras sean más antiguas.

Bajo las cláusulas pertenecientes al derecho a información, conocidas como “right-to-know”, dentro de la ley ambiental estadounidense, todo proveedor de agua potable tiene que proporcionar a sus clientes reportes anuales obligatorios sobre la calidad del agua. También se pueden realizar muestreos caseros. Existen kits de muestreo para el consumidor a través de varios laboratorios comerciales, disponibles a precios módicos. Para una lista de laboratorios disponibles, no hay más que comunicarse con el proveedor de agua local o con el departamento de Agua Potable Segura de la EPA (800-426-4791).

El informe de la calidad del agua señala los posibles riesgos a la salud; afortunadamente, en la mayoría de los casos, se puede resolver el problema con un filtro de agua diseñado para atrapar contaminantes. Para ser precavidos, lo mejor es comprar filtros certificados por NSF International. Cada modelo tiene un diseño para filtrar contaminantes específicos, por lo cual se puede elegir el que se ajuste a las necesidades particulares del domicilio o negocio.

Si después de todo todavía prefiero (o necesito) comprar agua embotellada, ¿cómo me informo sobre la mejor compra?

Si bien es cierto que tanto el gobierno federal como la mayoría de los estados tienen programas para la seguridad del agua embotellada, las normas, al día de hoy, no pueden garantizar adecuadamente la pureza ni la seguridad del agua. Algunos programas (como, por ejemplo, los de Massachusetts y Nueva York) llevan una lista de las fuentes de donde provienen las aguas embotelladas, pero no todos.

Lo mejor es revisar atentamente las etiquetas y las tapas de las botellas. Aquellas que digan “proveniente de fuentes municipales” o “proveniente de un sistema de agua comunitario” son agua del grifo. Si no hay información en la botella, siempre se puede llamar a la compañía o al programa estatal para la calidad del agua embotellada o incluso al estado donde se embotelló el agua e indagar sobre la procedencia de la misma.

¿Podría la botella en sí presentar un riesgo a la salud?

Los estudios más recientes apuntan a la posibilidad de problemas. Los ftalatos, compuestos que interfieren con la testosterona y otras hormonas, pueden filtrarse poco a poco de la botella al agua. Un estudio encontró ftalatos en agua almacenada en botellas de plástico y de vidrio por 10 semanas, sugiriendo que el compuesto podría provenir de la tapa plástica o el revestimiento de la botella. Y aunque existen normas que rigen los niveles máximos de ftalatos en el agua potable, no existen normas para el sector del agua embotellada, gracias a una tremenda oposición que la industria de agua embotellada montó en contra de la propuesta del FDA para establecer límites legales para dichos compuestos.

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