El nuevo NAFTA debe abordar el cambio climático

Perfeccionar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o NAFTA, por su sigla en inglés) ha sido una de las prioridades clave del presidente Donald Trump, siendo este, a diferencia de gran parte de los objetivos y prioridades de su administración, un objetivo compartido con el Consejo para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC, por sus siglas en inglés). Este acuerdo de 25 años necesita ser actualizado, especialmente en temas ambientales y laborales. Por esa razón, NRDC y otros grupos agradecieron la oportunidad de poder corregir los defectos de este tratado, entregando en 2017 una serie de recomendaciones sobre cómo realizar dichas correcciones. Sin embargo, y desafortunadamente, el acuerdo comercial revisado, aún no cumple con los criterios ambientales básicos que cualquier acuerdo comercial del siglo XXI debe incluir para que sea relevante y efectivo.

En 2018, NRDC se unió a una amplia coalición de grupos ambientales para reiterar la necesidad de la existencia de tres criterios ambientales básicos para actualizar el NAFTA:

  • Abordar el cambio climático
  • Eliminar el arbitraje de diferencias inversor-estado
  • Fortalecer la fiscalización y los estándares ambientales

Si bien, el nuevo acuerdo, renombrado el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés), cumple algunas mejoras importantes con respecto al actual NAFTA, aún no supera la prueba de lo que debería ser un acuerdo comercial moderno y favorable al medio ambiente. Más preocupante aún, el acuerdo ignora por completo el cambio climático. El mayor desafío ambiental del siglo XXI no puede ser ignorado por los acuerdos comerciales del siglo XXI.

Hoy Trump necesita que el Congreso apruebe el USMCA, y mientras que los senadores y representantes consideran su aprobación, el NRDC reconoce y valora los avances que se han logrado en este, pero los exhorta a que no aprueben el texto revisado como está escrito actualmente, ya que hacerlo, podría sentar un peligroso precedente para futuros acuerdos.

 
Flag of NAFTA

Keepscapes

Los acuerdos comerciales modernos deben abordar el cambio climático.

Cuando el NAFTA entró en vigor en 1994, fue uno de los primeros acuerdos comerciales multilaterales importantes en el mundo, convirtiéndose en un modelo para los posteriores acuerdos de libre comercio de Estados Unidos. Desde entonces, Estados Unidos ha entrado en acuerdos de libre comercio con 20 países, y el comercio mundial se ha más que triplicado.

Sin embargo, durante ese periodo el problema del clima se ha tornado mucho más serio, ya que desde 1994 las emisiones globales de carbono han aumentado anualmente en más de un 60 por ciento. En el año 2015, el mundo se reunió en París para adoptar un acuerdo internacional por el clima con el objetivo de reducir el nivel emisiones globales de carbono. Desafortunadamente, la administración de Trump ha decidido retirarse del Acuerdo de París, iniciando formalmente el proceso para hacer el retiro efectivo en noviembre de 2019. En México, el nuevo presidente está impulsando políticas para promover el uso de combustibles fósiles que, ciertamente, conducirán a un aumento de las emisiones de carbono.

Un acuerdo comercial que ignora la amenaza urgente del cambio climático es un fracaso. El USMCA debe ser rediseñado para incluir una "prueba de impacto climático" obligatoria, que requiera que los gobiernos midan y reporten los potenciales impactos en el clima de sus propuestas políticas. También este acuerdo debería tener un mecanismo de respaldo para hacer que los socios comerciales rindan cuentas de sus compromisos de reducción de emisiones, ya sea, a través de un panel independiente, o, a través de los ajustes de carbono en frontera. El ajuste de carbono en frontera es un mecanismo atractivo para ambos partidos contando también con el apoyo de los sectores laborales, por lo que debiera ser explorado con más detalle en el Congreso. Además, México necesita revertir el apoyo actual de la nueva administración al uso de combustibles fósiles al costo de la energía limpia y reafirmar sus compromisos climáticos a través de acciones políticas.

ISDS debe ser eliminado completamente.

El mecanismo de solución de controversias entre inversores y estados (ISDS, por sus siglas en inglés),

permite que las corporaciones multilaterales puedan demandar a los países si es que sienten que algunas políticas de Estado, como las protecciones ambientales y de salud pública, podrían afectar sus actividades comerciales. Las corporaciones han usado el NAFTA para desafiar las prohibiciones de químicos tóxicos, las decisiones de los paneles de revisión ambiental y las protecciones sobre el clima. Las corporaciones han extraído más de $370 millones de dólares de los gobiernos en estos casos, y las demandas pendientes del NAFTA suman más de $50 mil millones de dólares. El ISDS representa una abismante laguna legal que permite a las empresas eludir las protecciones ambientales y laborales del país al costo de los contribuyentes, razón por la que debe eliminarse por completo.

El NAFTA revisado hace mejoras significativas en el ISDS, por ejemplo, el ISDS entre los EE.UU. y Canadá se eliminará luego de tres años desde que el USMCA entre en vigencia. En México, el ISDS tiene un alcance limitado a solo cinco sectores económicos. Desafortunadamente, los sectores que aún recibirán ISDS incluyen energía, transporte e infraestructura, siendo estos los sectores más contaminantes.

Debe reforzarse la fiscalización y los estándares ambientales.

El Capítulo de Medio Ambiente de la USMCA está incluido en el texto central del tratado (a diferencia del NAFTA), e incluye algunas mejoras al NAFTA en áreas para combatir el tráfico de especies silvestres, madera y peces (por ejemplo, el Artículo 24.22 contiene un lenguaje similar al de la Ley Lacey). Las mejoras también fomentan la gestión forestal sostenible, y, por primera vez en un acuerdo comercial de los Estados Unidos, se aborda la calidad del aire y la basura marina. Estos cambios son un buen comienzo para cualquier otra negociación o futuro acuerdo.

Sin embargo, USMCA retrocede en las protecciones ambientales al no reforzar el conjunto estándar de los siete Acuerdos Ambientales Multilaterales (MEAs), que se han incluido en los acuerdos comerciales recientes de los Estados Unidos. Incluye lenguaje de cumplimiento estándar para solo uno de los siete MEAs (Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), utiliza un lenguaje más débil para dos MEAs (Protocolo de Montreal sobre Sustancias Agotantes del Ozono y Convenio sobre Contaminación Marina) y no menciona los otros cuatro (Convención Interamericana sobre Atún Tropical, Convención de Ramsar sobre los Humedales, Convención Internacional sobre la Regulación de la Caza de Ballenas, Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos).

También nos preocupa el hecho de que los Estados Unidos nunca se ha mostrado contrario a tratos comerciales con ningún país que no cumpla las obligaciones ambientales, aun si estos países muestran clara violaciones a estas obligaciones. En enero, después de recibir la presión de los demócratas de la Cámara de Representantes para actuar, Robert Lighthizer, el Representante de Comercio de los Estados Unidos, solicitó una consulta con Perú sobre la deforestación de la selva amazónica. Esta acción fue la primera vez que los Estados Unidos iniciara un proceso de cumplimiento de una disposición ambiental a partir de un acuerdo de libre comercio. Sin embargo, esto ocurrió después de años de evidencia de que Perú nunca implementó las disposiciones ambientales en el acuerdo entre EE.UU. y Perú. Simplemente, el medio ambiente no puede esperar más tiempo para recibir ayuda. Los nuevos acuerdos comerciales, como el USMCA, deben incluir mecanismos claros que generen un proceso estricto de cumplimiento cuando una de las partes viola sus secciones ambientales.

¿Lo que sigue?

Por todo lo anterior mencionado, la renegociación del NAFTA representa una oportunidad perdida por la administración de Trump. Si bien el USMCA hace algunas mejoras notables sobre el NAFTA original, el resultado neto es un acuerdo comercial que no protege ni a las personas, ni al planeta. El Congreso no debe aprobarlo como está escrito actualmente, especialmente porque este tiene el poder de modificar el acuerdo.

About the Authors

Amanda Maxwell

Director, Latin America Project

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