La Amazonía sigue en llamas

América Latina es una de las regiones del mundo más vulnerable al cambio climático, y el aumento de los incendios forestales es un síntoma. Los incendios en la Amazonía ocuparon los titulares internacionales en julio y agosto de 2019, lo cual atrajo la atención que tanto necesitaban sobre el ataque continuo contra el medio ambiente y los pueblos de la región. Si bien los incendios se desvanecieron del ciclo de noticias, las tasas de deforestación aumentaron y la amenaza real hacia los pueblos indígenas y el medio ambiente continúa, particularmente en Brasil. Los Estados Unidos juega un papel importante en la deforestación amazónica, a través del consumo de productos que contribuyen a  la deforestación en su cadena de suministro, por lo que tomar acción aquí es increíblemente impactante para frenar las alarmantes tendencias actuales.

Quema de bosques fuera del municipio de Labrea en el noroeste de la Amazonía brasileña durante los incendios de 2019

Marcos Colon

La selva amazónica ayuda a regular el clima global, sin embargo, las tasas de deforestación en los nueve países que albergan la selva están en aumento. La expansión de la frontera agrícola y ganadera, junto con la minería y la explotación económica descontrolada son algunas de las principales causas de la deforestación. Los científicos advierten que hay que tener mayor control y regulación, así como recursos para combatir los incendios, que se ven exacerbados por el cambio climático y la sequía. Un estudio reciente analizó la capacidad de secuestro de carbono de la Amazonía y descubrió que entre 2003 y 2016, la Amazonía emitió más carbono de lo que podía absorber. Sin embargo, las tierras indígenas y los territorios protegidos absorbieron más carbono que las áreas sin protección. Los investigadores encontraron que el 70 por ciento del carbono total emitido por la Amazonía entre 2003 y 2016 provino de áreas fuera de las tierras y áreas protegidas y controladas por pueblos indígenas. El debilitamiento de las protecciones ambientales y las continuas amenazas a las tierras indígenas amenazan no solo a la Amazonía sino al mundo entero.

Una vista desde el río Solimoes, un afluente amazónico en las afueras de Manaus

Jessica Carey-Webb

La Amazonía brasileña es 1,5 veces más grande que las porciones de la selva que se encuentran en cualquier otro país, haciendo que la política y las protecciones brasileñas sean particularmente importantes a nivel mundial. Desde la elección del presidente brasileño Jair Bolsonaro en 2018, las continuas políticas dañinas y la retórica arcaica y racista ayudan a aumentar la tasa de deforestación amazónica (alcanzando un nuevo récord al llegar a su peor nivel en cinco años este enero). Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe por su sigla en portugués), en enero de 2020 se perdieron 284,3 km2 de cobertura forestal. El Inpe anteriormente publicó información sobre un aumento del 85 por ciento en la deforestación de 2018-2019, un aumento que los ecologistas atribuyen al llamado “efecto Bolsonaro”.

Los incendios forestales han sido tan graves que Brasil autorizó la seguridad nacional para ayudar a combatirlos. El ministro de Justicia, Sergio Moro, aprobó una fuerza compuesta por oficiales de policía militar para ayudar a apoyar a la agencia ambiental Ibama en el estado norteño de Pará hasta el final del año. Otro cambio del gobierno de Bolsonaro fue la creación de un Consejo del Amazonas que será dirigida por el vicepresidente Hamilton Mourao (un declarado entusiasta de la minería), que supervisará “las actividades de todos los ministerios involucrados en la protección, la defensa y el desarrollo conjuntamente con el desarrollo sostenible del Amazonas”. Con estos cambios, Bolsonaro amplia la presencia militar y el énfasis en el desarrollo sin obstáculos para la región, similar a los objetivos de la brutal dictadura militar que mantuvo el poder en Brasil de 1964 hasta 1985.

Bolsonaro mantiene un continuo ataque a las agencias ambientales, y a principios de febrero firmó un proyecto de ley que permite la minería a gran escala, la extracción de petróleo y gas y otras actividades destructivas en los territorios indígenas. El proyecto de ley, PL191, cumple una de las principales promesas de campaña de Bolsonaro: impulsar la economía a través de la extracción de recursos. Actualmente es un delito minar en tierras indígenas en Brasil (tierras que constituyen el 13 por ciento del territorio del país), sin embargo, 10.000 mineros ilegales invadieron el territorio Yanomami, una de las más grandes tribus relativamente aisladas de América del Sur. Invasiones como estas, junto con los asesinatos de indígenas y activistas ambientales aumentaron considerablemente desde el ascenso de Bolsonaro. Bolsonaro también nombró a un ex misionero, Ricardo Lopes Dias, para dirigir el departamento de tribus aisladas y recientemente contactadas. Esto, junto con un aluvión aparentemente interminable de comentarios racistas, provocó temores de genocidio de grupos indígenas no contactados. La política anti-indígena ahora es esencialmente política estatal en Brasil.

Panel convocado sobre “Resistiendo el asalto de la derecha en Brasil”, habla Joenia Wapichana (a la derecha).

Jessica Carey-Webb

En respuesta, grupos indígenas se han organizado en contra de las políticas de Bolsonaro, realizando protestas en la capital de la nación, Brasilia, y públicamente denuncian los continuos ataques a su territorio y el asesinato de líderes indígenas, acciones que amenazan no sólo sus propias tierras sino el destino de la propia Amazonía. En un foro reciente sobre “Resistir el asalto de derecha en Brasil”, Joenia Wapichana, una congresista del estado de Roraima (en la región amazónica) es la primera y única mujer indígena elegida para el Congreso brasileño, pidió solidaridad y apoyo internacional. Señaló que la mejor manera de hacerlo es monitorear fuertemente las cadenas de suministro y las redes comerciales entre los Estados Unidos y Brasil, además de pedir a las empresas que no utilicen materiales de tierras deforestadas.

Plantación de soja en Belterra, Brasil. Brasil tiene 60 millones de acres dedicados al cultivo de soja.

Marcos Colon

Los Estados Unidos, como es un gran comprador de carne de res y soja de Brasil, puede desempeñar un papel importante en la protección de la Amazonía para evitar una mayor deforestación. Por ejemplo, la ciudad de Los Ángeles recientemente aprobó una nueva moción para ayudar a eliminar la compra de productos derivados de la deforestación. Bolsonaro parece prestar atención cuando se trata de comercio, y las acciones en los Estados Unidos para abordar la crisis de deforestación con suerte servirán para empujar la aguja política en Brasil.

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Jessica Carey-Webb

ACLS/Mellon Public Fellow, Latin America Campaign Advocate

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