Joerg Boethling/Alamy Stock Photo

El próximo presidente de Brasil podría ser una pesadilla para el Amazonas (y para el resto del mundo también)

Jair Bolsonaro dice que hay demasiada "riqueza debajo de ella" como para dejar la selva tropical en paz.

02 november 2018

Los brasileños acaban de elegir a un hipernacionalista retrógrado, Jair Bolsonaro, como su próximo presidente. El ex-oficial militar de 63 años y el legislador de siete periodos no sólo se adjudicó una victoria, ganó claramente con el 55 por ciento de los votos, lo que refleja un amplio e inquietante nivel de apoyo entre el electorado. Durante su campaña, Bolsonaro dijo cosas terribles sobre las mujeres, las personas con ascendencia africana, los de pueblos indígenas, así como de la comunidad LGBTQ; también ha pedido encarcelar a sus enemigos políticos y ha expresado su profunda admiración por la dictadura de la Guerra Fría de Brasil, criticándola únicamente por no matar a más disidentes durante el régimen asesino de 21 años.

En otras palabras, hay muchas razones para lamentar el ascenso de esta figura autoritaria y divisoria al liderazgo del país más grande de América del Sur y la octava economía más grande del mundo. Pero en lo alto de la lista está el deseo expresado de Bolsonaro de abrir más la selva amazónica a la agroindustria. Un movimiento de este tipo agravaría la deforestación de la selva tropical más grande del mundo y podría desplazar a más de un millón de indígenas y degradar un sumidero mundial crucial de carbono.

“Donde hay tierra indígena, hay riqueza debajo”, dijo Bolsonaro durante su campaña, y además prometió que “no habrá un centímetro cuadrado demarcado como reserva indígena”, una vez que se convierta en presidente. Dichas declaraciones parecen aún más amenazadoras en el contexto de sus planes declarados de acabar con la operación independiente del Ministerio de Medio Ambiente de su país, y a cambio convertirlo en una rama del Ministerio de Agricultura de Brasil, el cual está estrechamente aliado con el sector agrícola industrial del país.

Jair Bolsonaro en una conferencia de prensa en Río de Janeiro, octubre de 2018

Antonio Lacerda/Alamy Foto de archivo

“Salvemos a la selva tropical” ha sido un eslogan del movimiento ambientalista mundial durante tantas décadas que ahora no es posible pasar por alto lo que, exactamente, está en riesgo aquí. Con una cobertura de más de dos millones de millas cuadradas, el ecosistema de la selva tropical conocido como el Amazonas, se extiende sobre nueve países sudamericanos, aunque el 60 por ciento de éste se encuentra dentro de las fronteras de Brasil. La selva tropical es una maravilla de la biodiversidad animal, el hogar (según el último recuento) de unas 3 mil especies de peces; mil 300 aves, 427 mamíferos, 400 anfibios y 378 reptiles.

Además de ello, está la cuestión globalmente importante de su diversidad de plantas. La selva amazónica alberga más de 40 mil tipos de plantas y alrededor de 390 mil millones de árboles individuales, que representan 16 mil especies diferentes. Toda esa vegetación, que se extiende a lo largo de esos millones de kilómetros cuadrados, hace de la Amazonia uno de los mayores sumideros de carbono y proveedores de oxígeno del planeta, por lo que muchas personas se refieren a la zona del Amazonas como los "pulmones del planeta".

Sin embargo, la deforestación ha pasado factura. El tamaño de la Amazonia ha disminuido en un 17 por ciento durante el último medio siglo. La ganadería, en particular, ha impulsado este fenómeno, representando el 80 por ciento de la deforestación, mientras que la agricultura es responsable de la mayoría del resto. Después de haber tenido un progreso real en el frente de la conservación a partir de 2005, Brasil comenzó a perder terreno, tanto literal como figurativamente, hace apenas unos años. Tan sólo en un período reciente de 12 meses, desde agosto de 2015 hasta julio de 2016, más de 3,000 millas cuadradas de la selva desaparecieron.

Hoatzins fotografiados en las selvas de Rio Grande do Sul

En otras palabras, Brasil se encuentra en una encrucijada cuando se trata de la deforestación. Pero Bolsonaro ha dejado bastante claro qué camino está eligiendo y su decisión tiene a muchos brasileños preocupados. En un tweet reciente, Marina Silva, ex-ministra de medio ambiente del país, expresó su temor respecto a que Brasil esté "entrando en un momento trágico en el que la protección ambiental no representará nada. El gobierno de Bolsonaro ni siquiera ha comenzado y el retroceso ya es incalculable ".

El resto del mundo también debería estar preocupado. Un equipo internacional de científicos estima que la implementación de las políticas de Bolsonaro podría resultar en una pérdida anual de 10 mil millas cuadradas de selva tropical, "una cifra similar a las tasas de deforestación medidas a principios de la década de 2000 y un aumento del 268 por ciento con respecto a 2017".

La deforestación a ese nivel no sería solo un problema local. La limpieza bien podría conducir a un aumento atmosférico de 13.1 giga toneladas equivalentes de dióxido de carbono entre 2021 y 2030. Esa cantidad, dicen los científicos, representaría hasta una quinta parte del presupuesto de carbono "libre" restante del mundo que podría evitar que la atmósfera se caliente más de 1.5 grados centígrados -una meta que está recibiendo mucha atención últimamente, después del lanzamiento del más reciente y más preocupante informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC).

Al escribir en la Nueva República, la periodista ambiental Emily Atkin lo resalta de esta manera: la presidencia de Bolsonaro “amenaza más que la cuarta democracia más grande del mundo. La habitabilidad de todo el planeta está en juego”. Es probable que la presión de otros líderes mundiales resulte inútil. Al igual que el presidente Donald Trump, a quien admira mucho, Bolsonaro es el tipo de nacionalista para el cual se usa perversamente el oprobio internacional, como una insignia de honor.

No obstante, todavía hay esperanza. Eduardo Viola, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Brasilia y coautor del libro Brasil y el Cambio Climático, cree que las presiones del mercado en última instancia pueden ser capaces de lograr lo que la presión política internacional no puede. Recientemente le dijo a la revista National Geographic que los ganaderos y agricultores brasileños definitivamente no quieren que sus productos (principalmente carne y soja) se vinculen automáticamente en la mente del público con la destrucción de la selva tropical más grande del mundo. En sus palabras, "entienden que una imagen negativa de Brasil con respecto a la Amazonia y el cambio climático afectará las exportaciones brasileñas".

Si es realmente cierto que Bolsonaro y sus patrocinadores de Big Ag brasileños no están dispuestos a escuchar a nadie más que a los consumidores, puede ser el momento de pensar en boicotear los productos agrícolas brasileños a escala internacional. Funcionó cuando los amantes de los peces aplicaron una etiqueta de “en peligro de extinción” para la lubina chilena. En caso de que las peores predicciones sobre el nuevo presidente de Brasil se hagan realidad, ¿podría surgir próximamente la campaña “Demos un descanso a los cortes brasileños"?

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