Guía sobre el mercurio

Consejos a tener en mente para evitar la exposición al mercurio, desde el sushi hasta las caries.
Dorling Kindersley/Universal Images Group/Newscom

Antes de que la comunidad científica se diera cuenta de los efectos tóxicos del mercurio, que incluyen envenenamiento renal y del sistema nervioso, el metal, que parecía ser una solución mágica, se usaba para todo tipo de tratamientos médicos, cosméticos y en muchísimas otras industrias, como la sombrerería. Y aunque ya no existen sombrereros locos, la exposición al mercurio es un problema de salud serio y muy generalizado. El desarrollo cerebral se puede ver amenazado por cantidades mínimas de mercurio, lo cual implica que la exposición es particularmente riesgosa para niños menores de seis años de edad y para mujeres en edad fértil. La Agencia de Protección Ambienta de EE. UU. (la EPA, por sus siglas en inglés), estima conservadoramente que más de 75,000 bebés nacen con un riesgo elevado de problemas de aprendizaje cada año, debido a la exposición de la madre encinta al mercurio. El NRDC calcula que la cifra real alcanza unos 265,000 recién nacidos al año.

Pero no hay que asustarse; afortunadamente existen varas formas fáciles de minimizar la exposición.

Si hay que tener manía con algo, que sea con el pescado.

La principal manera de entrar en contacto con mercurio en Estados Unidos es mediante el consumo de pescado contaminado. Las plantas y fábricas que queman carbón arrojan mercurio a la atmósfera. Dicha contaminación puede recorrer el globo entero y acabar depositada en lagos, ríos y océanos, donde la ingieren o absorben pequeños organismos y poco a poco va trepando la cadena trófica, concentrándose cada vez más según va ascendiendo de nivel en nivel. Los grandes peces predatorios, como el tiburón y el atún, pueden contener altas concentraciones de mercurio en sus sistemas.

La contaminación con mercurio en el pescado no se ve, ni se huele, ni se saborea. Coser el pescado no tiene efecto alguno; quitarle la piel, los huesos u otras partes al pez, no evita la presencia de mercurio. No obstante, sí hay manera de ingerir pescado sin correr riesgo. A continuación, hay varias pautas generales a seguir. Para más información sobre los niveles de mercurio en algún pescado específico, consultar la Guía para la compra de pescados y mariscos.

  • Evitar las siguientes especies. Caballa real, agujas o peces vela, pez emperador, pez reloj, pez naranjo, pargo rojo, pez espada, blanquillos, atún claro y patudo (bigeye tuna), ya que contienen niveles elevados de mercurio. Se recomienda que mujeres encintas o madres que estén lactando o quienes estén buscando quedar embarazadas dentro del año, eviten consumir todos estos pescados. Lo mismo aplica para niños menores de seis años de edad.
  • Tratar de comer menos atún. El atún es el pescado contaminado más común en este país. Si consumes o sirves a tu familia atún enlatado regularmente, es mejor limitarse a comer bonito, que en inglés se le conoce como skipjack tuna o light tuna, y no comer más de dos porciones a la semana. Según las recomendaciones de la EPA, una mujer de 130 libras puede consumir hasta seis onzas a la semana de atún claro o bonito y no pasarse del límite de seguridad de mercurio. No obstante, un niño de cuatro o cinco años de edad no debe consumir más de unas cuatro onzas a la semana de bonito o atún claro enlatado. Las reglas del juego cambian cuando se trata de la albacora o el atún blanco, el cual no se debe servir a niños en lo absoluto y se debe limitar a no más de cuatro onzas a la semana para mujeres en edad fértil.
  • Ser más selectivo al pedir sushi. Los pescados más populares para el sushi suelen ser el ápice de la cadena trófica marina, por la cual tienden a tener concentraciones altas de mercurio. Una mujer embarazada, lactando o que espere salir embarazada prontamente, puede protegerse de la exposición via sushi con sencillamente no pedir atún, caballa real, róbalo ni atún blanco. Otros peces, como el anguila, el salmón y los crustáceos o moluscos, como el cangrejo y las almejas, contienen menos mercurio.
  • Ante la duda, optar por consumir peces pequeños. Anchoas, sardinas, vieiras – los peces pequeños siempre tienen menos mercurio.

Hacerse un análisis de mercurio.

En caso de tener cualquier tipo de preocupación con respecto al mercurio que se pueda haber consumido, pedir al médico que ordene un análisis de mercurio en la sangre. Es recomendable que aquellas mujeres con planes de comenzar una familia esperen unos meses en lo que los niveles de mercurio disminuyen.

Tener cautela al manejar termómetros con mercurio o, mejor aún, sustituirlos con termómetros digitales.

Si bien el mercurio líquido que contienen los termómetros para la fiebre es menos tóxico que el mercurio que se encuentra en el pescado, si se inhala por equivocación, puede causar daños a los pulmones, los riñones y el cerebro. En algunas ciudades, hay programas de intercambio gratuito, donde se pueden llevar termómetros de mercurio y recibir termómetros digitales libres de costo. Hay además organizaciones de recolección de desechos tóxicos y farmacias que aceptan termómetros de mercurio para descartarlos de manera segura.

Si se rompe un termómetro de mercurio, hay que asegurarse de que ningún niño entre en contacto con el líquido ni respire los vapores. Hay que recoger con cuidado, usando un cepillo y recogedor, todas las bolitas plateadas y echarlas en un contenedor desechable plástico con tapa, asegurándose de sellarlo bien antes de llevarlo a la instalación de recogido de desechos tóxicos más cercana. Bajo ningún concepto se deben echar los pedazos al inodoro, ni los recogerlos con una aspiradora, ni echarlos a la basura de la casa.

Si el derrame ha ocurrido en un mueble tapizado o en una alfombra, es mejor deshacerse del mueble o la alfombra. El mercurio es extremadamente difícil de sacar de la tela y demás materiales absorbentes, y poco a poco seguirá evaporándose.

Dejar los empastes de plata quietos, especialmente las mujeres embarazadas.

Los empastes de plata contienen hasta un 50% de mercurio, por peso, y pueden despedir vapores, especialmente cuando son nuevos o al masticar. Las mujeres embarazadas, o aquellas que esperen quedar embarazadas en pocos meses, deben evitar cualquier trabajo dental que implique empastes con mercurio. Tragar fragmentos del empaste presenta un menor riesgo que el mercurio en los mariscos, por ser mercurio metálico, que es más difícil de absorber por el estómago e intestinos.

Si ya has tenido caries tapadas con empaste plateado, la mayoría de los expertos coinciden en que lo mejor es dejarlos quietos, ya que el proceso para retirarlos podría ocasionar que el mercurio se evapore, lo cual conduciría a inhalarlo. El taladro dental además puede soltar pedacitos del empaste, el cual puede acabar empotrado en las encías o en el interior de las mejillas.

La alternativa más popular a los empastes de plata y mercurio son los de porcelana. No obstante, los empastes de porcelana contienen bisfenol A (BPA), un químico que interfiere con funciones hormonales. Los empastes de oro parecen ser la alternativa más segura, pero son considerablemente más costosos. Es importante discutir las opciones y todas sus ventajas y desventajas con el dentista.

No hay que preocuparse por las vacunas

A finales de la década de los 90, el NRDC y otros grupos logramos que se cesara el uso del conservante tiomersal o timerosal, que contiene etilmercurio, en las vacunas para niños. La vacuna para la influenza es la única vacuna rutinaria para niños que todavía contiene a veces tiomersal, pero los padres pueden solicitar una versión sin mercurio. Algunas de las vacunas combinadas para el tétano y la difteria podrían contener rastros residuales de tiomersal, pero la cantidad es lo suficientemente mínima para considerarse nula.

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