Todo lo que hay que saber sobre cómo se acidifican los océanos

La contaminación con carbono, además de calentar el clima terrestre, está ocasionando que los océanos se tornen más ácidos. La científica Lisa Suatoni, del NRDC, nos explica por qué hay que prestarle atención al asunto.

¿Qué significa exactamente que los océanos se vuelvan ácidos?

Los océanos absorben aproximadamente un cuarto del dióxido de carbono que el ser humano produce mediante la combustión de fósiles. Dicha absorción, a su vez, altera la propiedad química de estos cuerpos de agua. La amenaza es particularmente seria para criaturas con exoesqueletos o caparazones de carbonato de calcio, o sea, moluscos, crustáceos y corales. La acidez en el agua impide el desarrollo de dichos caparazones, por lo cual a estos a animales se les hará difícil sobrevivir el cambio oceánico.

El pronóstico tampoco es alentador para aquellos organismos que viven en el mar sin caparazón o exoesqueleto. Según exámenes de laboratorios, con el aumento en acidez, al pez payaso (también conocido como “Nemo”) le da más trabajo detectar la presencia de depredadores, y al tiburón se le hace más difícil cazar a su presa. La revista onEarth, publicada por el NRDC, hizo una reseña al respecto. La comunidad científica estima que la contaminación con carbono ha acelerado el ritmo de acidificación de los océanos a su mayor velocidad en 300 millones de años.

Pues bien: hay peces y cangrejos pasándola bastante mal. Pero, ¿hay algún efecto adverso para el ser humano?

Definitivamente. Las comunidades pesqueras ya se están viendo afectadas y el impacto seguirá esparciéndose. Sectores significativos de la economía estadounidense dependen directa o indirectamente de la abundancia oceánica.

Pescador de vieiras en Martha’s Vineyard
Massacusetts Office of Travel and Tourism/Flickr

¿Qué zonas de Estados Unidos corren mayor riesgo de acidificación?

Un grupo de colegas y yo recientemente llevamos a cabo un estudio colaborativo que evalúa las áreas costeras para determinar riesgo. En el Golfo de México, la contaminación con nutrientes a raíz de la escorrentía se ha estado mezclado con la contaminación con carbono de la atmósfera, acelerando la acidificación de las aguas a un ritmo muchísimo mayor de lo que la comunidad científica esperaba, lo cual representa un riesgo para la industria pesquera de la zona, valorada en $10 mil millones. En Alaska, que es de donde proviene la mitad de la pesca del país, la acidificación acelerada ha puesto en riesgo 70,000 empleos.

Entonces, ¿habrá que aprender a vivir sin ostras o se puede hacer algo para resolver el problema?

Pues la verdad del caso es que hay varias cosas que se pueden hacer para abordar la acidez del océano. Lo primero es reducir las emisiones de carbono, minimizando el uso de combustibles y favoreciendo fuentes de energía renovable. El NRDC es partidario dos prácticas que ofrecen soluciones viables: la implementación de estándares con respecto al carbono que limiten las emisiones permitidas para centrales eléctricas, y la implementación de estándares más estrictos para el rendimiento de combustible en vehículos.

Hay que además hacer los preparativos necesarios para lidiar con los cambios en el océano, particularmente en las industrias más vulnerables. Ciertos criaderos de ostras en la costa oeste han empezado a monitorizar las aguas limítrofes. Cuando llega agua ácida al área costera, cierran las válvulas e impiden el paso de la misma al criadero, ya que las ostras de temprana edad son vulnerables a la acidez. También han modificado los procedimientos en el laboratorio para proteger el agua y evitar que un aumento en la acidez que sería dañino para las larvas.

​A nivel individual, todo ciudadano tiene el poder de comunicarse con legisladores y hacerles saber que es importante invertir dinero en la investigación oceánica y la monitorización del nivel de acidez de los océanos. Y ya que sabemos que las emisiones de carbono propulsan el problema, todo individuo puede esforzarse en reducir su propia huella de carbono. La contaminación con nitrógeno, que exaspera el problema, proviene de la escorrentía agrícola. Para formar parte de la solución, no hay más que ajustarse a prácticas de cultivo y jardinería orgánicas o biológicas, y comprar alimentos provenientes de fincas sustentables.

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