La complicada situación de la Amazonía

La primera vez que fui a la Amazonía miré por las pequeñas ventanas de mi avión a Belém sobre lo que parecía un río y una vegetación que no tenía fin. Visto desde arriba, el Amazonas fue exactamente lo que siempre imaginé—árboles frondosos y una extensión impalpable.

Al aterrizar la realidad es bastante diferente. Yo vivía en Bragança un pueblo más o menos a cuatro horas de la ciudad y del centro de transportación más cercano, Belém. En el camino entre Belém y Bragança el paisaje era completamente de tierras de cultivo de soja. Los sembradíos de soja estaban divididos por carreteras llenas de autos con paradas donde vendían tapioca y açai en graneros al estilo vaquero. El paisaje era más parecido a Michigan, mi estado de origen, de lo que había imaginado sobre las selvas exóticas de Brasil.

Jessica Carey-Webb

Después de instalarme, me sumergí completamente en la vida del pueblo amazónico. Bragança es un pueblo colonial de clase media, no un pueblo indígena aislado ni una gran ciudad, donde la vida se centra en festivales sincréticos con raíces indígenas y católicas. Cada navidad, el pueblo se transforma para celebrar el festival de San Benedito, el santo negro patrón del pueblo. Durante una semana, los bragantinos se visten de rojo y blanco y bailan la “marujada”, cantando en una mezcla de portugués e idiomas indígenas.

Una vista de Branganca

Jessica Carey-Webb

La mayoría del pueblo vive de la pesca y usan técnicas ancestrales para capturar peces como pirarucu o manta raya, que muchas veces comí para la cena. Justamente en las afueras de la cuidad y más allá de la carretera se pueden observar pequeñas áreas de bosque virgen en donde la jungla se vuelve tan espesa que sería imposible moverse a través de ella. Mientras vivía allá me parecía que cada vez más numerosas industrias estaban interesadas en establecerse en la región. Querían expandir la carretera y el aumento de la agricultura fue un tópico constante en la discusión. Bragança es emblemática de la Amazonía—con una abundante historia colonial, pero también sujeta a los cambios de desarrollo en la misma.

Tierra de cultivo en la Amazonia

Jessica Carey-Webb

La Amazonía se extiende por nueve países, cada uno con su propia historia y política ambiental. En muchos lugares estas fronteras no están claramente definidas, y sus demarcaciones fueron históricamente cargadas con tensión.

He pasado los últimos ocho años desde cuando viví en Bragança estudiando, escribiendo, enseñando y viajando a la Amazonía brasileña. Durante mis investigaciones de doctorado investigué el desarrollo histórico de la región, enfocándome en proyectos de mapeamiento y representaciones de grupos indígenas, quilombolas y el medio ambiente. La Amazonía en su totalidad contiene historia, cultura, medio ambiente, y una población que se extiende más allá de los estereotipos de tribus no contactadas y árboles altos.

Más recientemente el Amazonas ha estado en las noticias como una región en llamas. Pero antes de que los incendios pusieran la Amazonía en el plano internacional mis amigos y colegas en Brasil ya estaban bajo ataque. Con un gobernante de extrema derecha e “incrédulo” al cambio climático Jair Bolsonaro, ha cuestionado las protecciones puestas en la constitución de 1988 para los derechos a la tierra de grupos de negros e indígenas. Bolsonaro frecuentemente menciona sus intenciones sobre la exploración y explotación de los recursos naturales de la región y de cómo abrir esas tierras a contratistas, y así animándolos a la toma ilegal de las tierras. Durante su corto tiempo como presidente han aumentado los incendios en la selva, la explotación forestal, la deforestación, y el asesinato de activistas y personas indígenas

El aumento reciente de los incendios hace más probable que el Amazonas se transforme en una fuente de dióxido carbono en vez de un sumidero de carbono. Los impactos del cambio climático en la Amazonía, son una violencia lenta estimulada por el desarrollo, la industria, la polución y el deterioro que amenaza a las plantas, los animales y a los humanos juntamente. Quizás por el resultado tan grave de estas consecuencias, la Amazonía es vista como un patrimonio global, una región tan importante que es una obligación internacional protegerla.

En Brasil, los abundantes recursos naturales del país son una fuente de orgullo y son la clave para alcanzar el máximo potencial en una nación que apenas está saliendo de una recesión y de años de disturbios políticos. La habilidad de Brasil de combatir los fuegos y la voluntad política de hacerlo es actualmente cuestionada. Sin duda, Brasil tiene soberanía sobre su trozo del bosque pero vale la pena abordar la historia del colonialismo, el legado de explotación de los Estados Unidos y Europa en América Latina y las numerosas intervenciones en la región. También cabe destacar que la deforestación es fomentada mayormente por las corporaciones multinacionales que satisfacen las necesidades del hemisferio norte. Así mismo vi sembradíos de soja los que se utilizan para alimentar a ganados por todo el mundo.  

Lo más importante es reconocer la soberanía de grupos indígenas y sus derechos a ser propietarios de terrenos. Está bien documentado que una de las mejores maneras de luchar en contra de la deforestación es dando apoyo a la autonomía indígena y el ser propietarios de tierra. Obtener el título para sus tierras es un proceso complicado que ahora es aún más difícil con Bolsonaro quien quiere desplazar las demarcaciones de tierra ya existentes y debilitar leyes que de por si no ofrecían protección. Los líderes indígenas manifiestan su continua lucha para mantener sus tierras frente a la violencia y las invasiones además de la necesidad de mantener la atención y la solidaridad internacional.

Ahora más que nunca, con regímenes como el de Bolsonaro que son represivos e irresponsables con el medio ambiente, esto aunado a la amenaza constante del cambio climático, la representación, la solidaridad, y la acción son importantes. La Amazonía es una región compleja y en constante evolución que contiene una riqueza cultural y natural que vale la pena conservar.

About the Authors

Jessica Carey-Webb

ACLS/Mellon Public Fellow, Latin America Campaign Advocate

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