¿Tan nocivos son realmente los efectos del calentamiento global?

En resumidas cuentas: Sí. Un aumento casi imperceptible en la temperatura promedio puede acarrear transformaciones devastadoras en el planeta.
El Río Missouri invade domicilios en la Ciudad Sioux del estado de Iowa durante inundaciones en el 2011.
Stocktrek Images/Media Bakery

Ocho grados Fahrenheit no parecen ser mucho. La única diferencia es ponerse o no ponerse suéter a principios de la primavera. Pero para nuestro planeta, el cual al ritmo actual de emisiones globales verá las temperaturas promedio ascender unos ocho grados de aquí al 2100, dicho aumento ínfimo supondrá consecuencias catastróficas: consecuencias que ya se están haciendo ver, para todo organismo vivo y todo nivel ecosistémico, incluyendo el nuestro.

Según la Organización Nacional para la Evaluación del Clima (National Climate Assessment), la influencia humana es la mayor causa del calentamiento global y, más específicamente, lo son dos acciones en particular: la contaminación con carbono a raíz de la combustión de fuentes de energía fósil y la deforestación, que impide la captura de dicha contaminación. El dióxido de carbono, metano, hollín y demás contaminantes que hemos dejado escapar al aire, crean una especia de manta o capa que atrapa el calor solar dentro de la atmósfera, lo cual a su vez provoca un aumento en la temperatura de la superficie del paneta. Hay evidencia que indica que la década transcurrida entre el año 2000 al 2009 fue la década más caliente en los pasados 1,300 años. Dicho calentamiento ha creado un cambio en el sistema climático terrestre y el impacto se ha sentido de manera trascendental tanto en tierra firme, como en la atmósfera, en los océanos y en el hielo.

Fenómenos del tiempo más frecuentes y más extremos

El aumento en temperaturas ha dado fuerzas más devastadoras un gran número de desastres naturales, incluyendo tormentas, ondas de calor, inundaciones y sequías. El calor crea una atmósfera más apta para la recolección, retención y descarga de un mayor volumen de agua, lo que a su vez ha causado cambios en el patrón del tiempo, de manera que áreas normalmente lluviosas han recibido más y más precipitación, mientras que áreas normalmente áridas han sufrido más y más sequías. “Las inclemencias extremas del tiempo están costando cada vez más”, asevera Aliya Haq, directora auxiliar de la iniciativa Plan para Energía Limpia del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales. “Se espera un alza en el número de desastres multimillonarios”.

Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, en el 2015 hubo 10 incidencias de desastres atmosféricos en Estados Unidos; entre ellos, tormentas extremas, inundaciones, sequías e incendios forestales. Cada uno de estos eventos produjo una pérdida de al menos mil millones de dólares. En comparación, cada año entre el 1980 y el 2015, el promedio de pérdidas a causa de desastres naturales, luego de tomar en cuenta la inflación, fue de $5,200 millones. Sin embargo, cada uno de los años entre el 2011 y el 2015 muestra una pérdida promedio anual de $10,800 millones.

El aumento en la cantidad de sequías, tormentas serias e inundaciones que hemos presenciado según el calentamiento global ha dado paso a una atmósfera con la habilidad de retener más humedad que en el pasado, es una amenaza pública, tanto de salud como de seguridad. Las extensas sequías no son sólo un asunto de patios resecos. Las sequías ponen en juego el acceso a agua potable e impulsan la propagación de fuegos forestales, además de ocasionar tormentas de arena e inundaciones repentinas en Estados Unidos. En otras partes del mundo, la falta de agua es la causa principal de muerte y enfermedades graves. Y al otro extremo del espectro se encuentran los aguaceros y diluvios, que ocasionan el desbordamiento de arroyos, ríos y lagos, los cuales a su vez causan daños a propiedades, ponen vidas en riesgo, contaminan las fuentes de agua potable, ocasionan derrames de contaminantes y dan paso a infestaciones de moho que degradan la calidad del aire. Una tierra más cálida y húmeda es el medio ambiente idóneo para la propagación de enfermedades a través del agua y la comida, así como para la medra de insectos que transmiten otro tipo de enfermedades, tales como los mosquitos, las pulgas y las garrapatas.

Una tasa de mortalidad en aumento

La comunidad científica califica el cambio climático como “la mayor amenaza global de salud del siglo XXI”. Es una amenaza que nos afecta a todos – especialmente a niños, ancianos, comunidades de pocos recursos y comunidades minoritarias – directa o indirectamente. A medida que la temperatura ha ido en aumento han aumentado también las incidencias de enfermedades, las visitas a las salas de emergencia y la tasa de defunciones.

“Ha habido un mayor número de días calurosos en sitios donde la gente no está acostumbrada al calor”, afirma Haq. “Gente que no tiene acondicionadores de aire o no se pueden dar el lujo de comprar uno. Si es uno o dos días de calor, no pasa nada. Pero con cuatro días consecutivos donde no refresca ni de noche, surgen consecuencias graves de salud”. En Estados Unidos nada más, ocurren cientos de muertes relacionadas al calor todos los años, debido al efecto directo o indirecto sobre enfermedades y condiciones potencialmente fatales exacerbadas por el calor, tales como la deshidratación, la hipertermia, y enfermedades cardiovasculares y renales. El hecho es que el calor intenso mata más estadounidenses por año que el cúmulo total de muertes a causa de huracanes, tornados, inundaciones y rayos.

Degradación en la calidad del aire

El aumento en la temperatura degrada también la calidad del aire, a fuerza de dar paso a la creación de ozono troposférico, el ozono que se encuentra a ras del suelo. El ozono troposférico surge mediante la interacción de la luz solar y el calor con la contaminación gaseosa emitida por carros, fábricas, etc., y es el principal componente de la niebla tóxica, mejor conocida como “esmog”. Mientras más calor hay, mayor es la presencia de niebla tóxica. La pobre calidad del aire está relacionada a una mayor incidencia de hospitalizaciones y muertes en personas asmáticas; exacerba los problemas de salud de aquellos con aflicciones cardiacas o pulmonares; y el alza en temperaturas aumenta significativamente la cantidad de polen en el aire, lo que a su vez presenta complicaciones de salud para aquellos con fiebre del heno y demás alergias relacionadas.

Un aumento en la tasa de extinción de vida silvestre

Los seres humanos no somos los únicos con el agua hasta el cuello. Los cambios repentinos en la superficie terrestre, tanto en tierra firme como en los océanos y demás cuerpos de agua, están condenando a la desaparición a animales que no logren adaptarse a tiempo. Algunas especies sobrevivirán y otras no. Según el informe publicado en el 2014 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, un gran número de especies terrestres, acuáticas y marinas se han desplazado a zonas con climas más frescos o zonas de mayor altura, rehuyéndole al calor. Se han registrado cambios en el patrón de comportamiento por temporada, así como en las rutas migratorias. No obstante, muchas especies continúan en “riesgo elevado de extinción a causa del cambio climático”. De hecho, un estudio realizado en el 2015 mostró que los vertebrados, o sea, animales con columna vertebral, tales como los peces, pájaros, mamíferos, anfibios y reptiles, están desapareciendo a un ritmo 114 veces más rápido de lo esperado –un fenómeno que se le atribuye al cambio climático, la contaminación y la deforestación.

Océanos más ácidos

Los ecosistemas marinos han sentido el impacto del cambio climático. Los océanos, a fuerza de absorber el exceso de emisiones del ser humano, se han vuelto más ácidos. Según las aguas se acidifican a un ritmo más acelerado, va aumentando la amenaza a la vida submarina, particularmente a organismos con exoesqueletos y caparazones o conchas compuestas de carbonato de calcio, tales como moluscos, crustáceos y corales. El impacto a la industria de cría y recolección de crustáceos es innegable. Se estima que en el 2015, la acidificación de los mares le costó unos $110 millones a la industria ostrera de la región del Noroeste del Pacífico. A través de 15 estados, corren el mismo riesgo económico las comunidades costeras que dependen de los mil millones de dólares anuales a nivel nacional que genera la recolección de ostras, almejas y demás moluscos con concha.

Nivel del mar en ascenso

Las regiones polares son particularmente vulnerables al calentamiento de la atmósfera. La temperatura en el Ártico ha ascendido a un ritmo doblemente rápido que las temperaturas en el resto del planeta y las capas de hielo se están derritiendo a gran velocidad. Las consecuencias no son únicamente serias para e pueblo, la vida silvestre y la flora de la región; el mayor impacto es el ascenso en el nivel del mar. Se estima que para el año 2100 el nivel los océanos habrá ascendido entre uno a cuatro pies de altura, lo cual pone en riesgo a sistemas costales y áreas de poca altura, así como a naciones-islas enteras y a las ciudades más grandes del mundo, incluyendo a Nueva York, Los Ángeles, Miami, Mumbai, Sídney y Río de Janeiro.

Sin duda alguna el cambio climático garantiza un futuro aterrador y no hay manera de dar marcha atrás al tiempo. El daño ha sido ocasionado mediante la emisión prácticamente descontrolada de contaminantes durante todo un siglo. “Aun si fuésemos capaces de frenar toda emisión de dióxido de carbono a partir de mañana mismo, aun así veríamos algunos de los efectos”, asevera Haq. Claro está, ésas son las malas noticias. Pero según Haq, también hay esperanza: si nos dedicamos a reducir agresivamente las emisiones globales desde ya, “podríamos evitar muchas de las consecuencias graves que presenta el calentamiento global”.

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